La lateralidad cruzada es un trastorno bastante común que afecta a un número significativo de niños y cuyas causas suelen ser genéticas, lo que dificulta su prevención. Este trastorno ha sido asociado muchas veces al hecho de ser ambidiestro o zurdo, aunque en realidad tienen bastante poco en común. Nuestro cerebro consta de dos hemisferios, el izquierdo y el derecho, cada uno encargado de funciones diferentes, lo que se conoce como lateralidad.
En el caso de las personas zurdas, su ojo, oído y pie dominantes se encuentran en el lado izquierdo; mientras que las personas diestras se manejan mejor con su ojo, oído y pie derechos. Ambas presentan una lateralidad homogénea. Sin embargo, cuando el predominio del pie, mano, ojos y oído no se encuentra en el mismo lado del cuerpo, se dice que existe una lateralidad cruzada. Este fenómeno puede desarrollarse hasta los 5 años de edad, momento en el que finaliza el proceso de lateralización.
Según varios estudios, la lateralidad cruzada puede interferir en el aprendizaje de los niños y niñas, por lo que es crucial conocer cuáles son sus signos. Es habitual encontrar el diagnóstico en aquellos niños que presentan los siguientes síntomas:
- Complicaciones para comunicarse y relacionarse.
- Desorientación espacio-temporal.
- Problemas de psicomotricidad.
- Sustitución de unas letras por otras.
- Dificultades en la lectura, escritura y cálculo.
- No distinguen la izquierda de la derecha.
- Incapacidad para seguir instrucciones complejas.
- Problemas de coordinación en actividades físicas.
Además de estos síntomas, es frecuente que los niños con lateralidad cruzada muestren cierto desánimo, baja autoestima y falta de motivación. Por ello, es muy importante que, ante la sospecha de este trastorno, se acuda al médico para recibir una evaluación adecuada y, si es necesario, un tratamiento específico.
¿Cómo se diagnostica la lateralidad cruzada?
El diagnóstico de la lateralidad cruzada se realiza a través de una evaluación completa que incluye:
- Observación del comportamiento y habilidades motoras del niño.
- Pruebas estandarizadas de lateralidad.
- Entrevistas con padres y educadores para entender el contexto del niño.
- Evaluaciones neuropsicológicas para descartar otros trastornos.
Intervención y tratamiento
El tratamiento de la lateralidad cruzada puede incluir:
- Terapia ocupacional para mejorar las habilidades motoras.
- Ejercicios específicos para fomentar la lateralidad homogénea.
- Apoyo psicológico para abordar problemas de autoestima y motivación.
- Actividades lúdicas que promuevan la integración de habilidades motoras.
- Orientación a padres y educadores sobre cómo apoyar al niño en su entorno diario.
Importancia de la detección temprana
La detección temprana de la lateralidad cruzada es fundamental, ya que permite implementar estrategias adecuadas en el momento más crítico del desarrollo del niño. Cuanto antes se inicie el tratamiento, mayores serán las posibilidades de que el niño desarrolle habilidades motoras y cognitivas adecuadas. Además, un diagnóstico temprano puede prevenir problemas emocionales y sociales que puedan surgir como consecuencia de las dificultades de aprendizaje.
Conclusión
La lateralidad cruzada es un trastorno que puede afectar significativamente el desarrollo y aprendizaje de los niños. Reconocer sus síntomas y buscar ayuda profesional es fundamental para mejorar la calidad de vida de los pequeños afectados. Si observáis alguno de estos signos en vuestro hijo, no dudéis en consultar con un especialista para recibir el apoyo necesario. La intervención adecuada puede marcar una gran diferencia en su desarrollo y bienestar.