El dolor psicológico puede parecer lo mismo que el dolor emocional, pero no lo es. El dolor psicológico es el que tiene como base una alteración de la rama simpática del sistema nervioso autónomo, es decir, sufrir ansiedad. Este tipo de dolor puede ser un desafío tanto para quienes lo experimentan como para los profesionales de la salud que intentan ayudar a sus pacientes a comprender y manejar sus síntomas. A menudo, el dolor psicológico se manifiesta en situaciones de estrés intenso, traumas no resueltos o problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad.
Existen diferentes tipos de dolor en función de su origen y sintomatología. Podemos tener dolor físico, provocado por un golpe, dolor emocional por la pérdida de un ser querido, o dolor psicológico, que está en la mente sin una causa tangible. A menudo, el dolor psicológico se manifiesta en situaciones de estrés intenso, traumas no resueltos o problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad. Este dolor puede ser tan debilitante como el dolor físico, afectando la calidad de vida de quienes lo padecen.
El dolor psicológico es un tipo de malestar, incomodidad o sufrimiento en general que no tiene una causa física, es decir, que no nace en los estímulos captados por los nervios que mandan señales de nuestro organismo hacia nuestro encéfalo, sino que tiene una naturaleza difusa y que proviene de nuestra mente; lo provoca la ansiedad. La persona que lo padece no puede definir de forma exacta cómo se siente ni puede atribuir el malestar a una parte del cuerpo en concreto. A menudo, se siente atrapado en un ciclo de pensamientos negativos que perpetúan su sufrimiento. Esto puede llevar a la persona a experimentar una sensación de desesperanza y frustración, lo que puede agravar aún más su estado emocional.
¿Cómo detectar el dolor psicológico?
- No se encuentra un diagnóstico que dé explicación al dolor experimentado, o hay una desproporción/incoherencia entre la evidencia de patología y el cuadro clínico que presenta la persona.
- Dolor que empieza de repente y crece con el tiempo.
- Difícil de situar en partes concretas del cuerpo.
- No responde, o responde transitoriamente a los analgésicos.
- Presenta una alta intensidad, es cualitativamente variable, no se modifica con posturas, movimiento, ni variabilidad circadiana.
- Produce una discapacidad desproporcionada a la objetividad clínica del problema.
¿Cómo se manifiesta?
Acostumbra a aparecer en forma de dolores de cabeza, de malestar general, o incluso de inseguridad con uno mismo o atacando la autoestima. Cada persona lo refiere de formas distintas, en función de diversas intensidades, y de si existen otras patologías en ese momento. Pero en general, lo habitual es encontrarse con personas que no saben situar anatómicamente el dolor sentido, y que desconocen el origen y la causa del malestar. Además, el dolor psicológico puede ir acompañado de síntomas físicos como fatiga, problemas digestivos y alteraciones del sueño. Estos síntomas físicos pueden ser tan intensos que la persona puede llegar a pensar que sufre de una enfermedad grave, lo que puede llevar a un ciclo de ansiedad y preocupación.
¿Cómo son las personas que lo sufren?
- Con actitud defensiva, enfadados y críticos a los antecedentes de su historia personal.
- Están convencidos de tener una patología orgánica y rechazan posibles interpretaciones psicológicas o psiquiátricas.
- Expresan de forma exagerada el dolor en presencia de personas sensibles (trabajadores sanitarios, cónyuge y familiares, etc.).
- Omiten los documentos e información médica que apoyan el origen psíquico del dolor.
- Especialmente emocionales a la hora de describir la discapacidad o síntomas.
- Suelen estar desempleados y sin motivación para volver al trabajo.
- Buscan compulsivamente un nuevo especialista que pueda finalmente comprender su dolor para resolverlo.
¿Es lo mismo que dolor emocional?
El dolor psicológico puede parecer lo mismo que el dolor emocional, pero no lo es. El dolor psicológico es el que tiene como base una alteración de la rama simpática del sistema nervioso autónomo, es decir, sufrir ansiedad. En cambio, el dolor emocional es una experiencia subjetiva de dolor, procedente de una herida psíquica que nadie ve y que, prolongado en el tiempo puede generar alteraciones físicas reales, es decir, se puede somatizar. Esta somatización puede manifestarse en forma de trastornos físicos que no tienen una causa médica clara, lo que puede complicar el diagnóstico y tratamiento.
Cuando somatizamos, tenemos una causa o un origen que podemos encontrar y tratar directamente. La persona que somatiza convierte el sufrimiento originado a nivel psicológico en una lesión física real y tangible. Por ejemplo, una persona que no gestiona bien sus estados nerviosos puede generar dolores de espalda, musculares, problemas en la piel, alopecia, vómitos, diarreas, cefaleas, mareos, etc. En cambio, el dolor psicológico resulta difícil de situar en una parte concreta del cuerpo. Esto puede llevar a un ciclo de consultas médicas y tratamientos que no resuelven el verdadero problema.
Aunque el dolor psicológico puede ser tan intenso como el dolor emocional, su abordaje terapéutico es más sencillo ya que responde muy bien a los fármacos ansiolíticos y a la terapia psicológica. La combinación de tratamientos farmacológicos y terapias psicológicas puede ofrecer un enfoque integral para abordar el dolor psicológico y mejorar la calidad de vida del paciente. Las terapias pueden incluir técnicas de mindfulness, que han demostrado ser efectivas para reducir la ansiedad y mejorar la percepción del dolor.
¿Cómo puede tratarse el dolor psicológico?
El dolor psicológico no es algo que la persona esté imaginando, o algo que este creyendo que siente, por tanto, se puede tratar:
- El manejo del dolor psicológico puede ser similar al del dolor crónico, pero hay que tener especialmente cuidado con el uso de medicamentos y evitar aquellos que tienen un alto potencial de abuso, como los opiáceos y las benzodiacepinas, ya que pueden provocar adicción.
- Terapias farmacológicas: realizadas con analgésicos, neuromoduladores o psicofármacos, especialmente para los aspectos psicosociales del dolor. Es importante que el médico evalúe cada caso individualmente para determinar el tratamiento más adecuado.
- Terapias físicas: Como la acupuntura, magnetoterapia, electro analgesia, etc. Estas técnicas pueden ayudar a aliviar el malestar y mejorar la percepción del dolor.
- Intervenciones psicológicas: Como la terapia cognitivo-conductual, las técnicas de relajación o la hipnosis. Todas ellas enfocadas a regular la percepción del dolor y a ayudar al paciente a desarrollar estrategias de afrontamiento.
- El uso simultáneo de varias técnicas resulta fundamental para una gestión multidimensional eficaz. Esto puede incluir la combinación de terapia psicológica, medicación y técnicas de manejo del estrés. La integración de estas técnicas puede facilitar un enfoque más holístico y efectivo para el tratamiento del dolor psicológico.
Lo que debes saber…
- El dolor psicológico puede parecer lo mismo que el dolor emocional, pero no lo es. El dolor psicológico es el que tiene como base una alteración de la rama simpática del sistema nervioso autónomo, es decir, sufrir ansiedad.
- Aunque el dolor psicológico puede ser tan intenso como el dolor emocional, su abordaje terapéutico es más sencillo ya que responde muy bien a los fármacos ansiolíticos y a la terapia psicológica.
- El dolor psicológico no es algo que la persona esté imaginando, o algo que este creyendo que siente, por tanto, se puede tratar.
- Es fundamental que las personas que experimentan dolor psicológico busquen ayuda profesional para entender y manejar su condición, ya que el apoyo adecuado puede marcar una gran diferencia en su recuperación.
En conclusión, el dolor psicológico es una realidad que afecta a muchas personas y que requiere un enfoque comprensivo y multidisciplinario para su tratamiento. La colaboración entre médicos, psicólogos y terapeutas es esencial para ofrecer un tratamiento efectivo y ayudar a los pacientes a recuperar su calidad de vida. Si tú o alguien que conoces está luchando con este tipo de dolor, no dudéis en buscar ayuda profesional. La intervención temprana puede ser clave para un camino hacia la recuperación.