El calendario vacunal es uno de los pilares fundamentales de la salud pública en España. Desde el nacimiento y durante toda la vida, las vacunas nos protegen frente a enfermedades infecciosas que, antes de la era de la vacunación, causaban miles de muertes y secuelas graves cada año. En España, aunque la vacunación no es legalmente obligatoria, sí es universalmente recomendada por las autoridades sanitarias y se administra de forma gratuita a través del Sistema Nacional de Salud. Conocer las vacunas que componen el calendario, entender para qué sirve cada una y saber en qué momento de la vida deben administrarse es esencial para garantizar la protección individual y la inmunidad colectiva de toda la población.
Cómo funcionan las vacunas
Las vacunas funcionan enseñando al sistema inmunitario a reconocer y combatir agentes infecciosos específicos (virus o bacterias) sin que la persona tenga que padecer la enfermedad. Para ello, se introduce en el organismo una versión atenuada, inactivada o un fragmento del microorganismo causante de la enfermedad. Esta exposición controlada estimula al sistema inmunitario para que produzca anticuerpos específicos y células de memoria que permanecen en el organismo durante años o incluso de por vida.
Si en el futuro la persona entra en contacto con el agente infeccioso real, su sistema inmunitario lo reconoce inmediatamente gracias a esa memoria inmunológica y monta una respuesta defensiva rápida y eficaz que impide el desarrollo de la enfermedad o reduce significativamente su gravedad. Este mecanismo no solo protege a la persona vacunada, sino que contribuye a la inmunidad de grupo: cuando un porcentaje suficientemente alto de la población está vacunada, la circulación del agente infeccioso se reduce drásticamente, protegiendo indirectamente a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.
Vacunas en el primer año de vida
El primer año de vida es el periodo donde se administra el mayor número de vacunas, ya que los recién nacidos y lactantes son especialmente vulnerables a las infecciones graves. El sistema inmunitario del bebé, aunque funcional, está en proceso de maduración y necesita el estímulo de las vacunas para desarrollar una protección eficaz.
Hepatitis B
La primera vacuna que recibe un recién nacido en España es la de la hepatitis B, administrada en las primeras 24 horas de vida. La hepatitis B es una infección viral que afecta al hígado y que puede cronificarse, provocando cirrosis hepática y cáncer de hígado a largo plazo. La vacunación neonatal es especialmente importante para prevenir la transmisión de madre a hijo durante el parto. Se requieren varias dosis para completar la pauta: al nacer, a los dos meses y a los once meses.
Difteria, tétanos y tosferina (DTPa)
Esta vacuna combinada protege frente a tres enfermedades bacterianas potencialmente mortales. La difteria es una infección que produce unas membranas grisáceas en la garganta que pueden obstruir las vías respiratorias. El tétanos, causado por la bacteria Clostridium tetani, provoca espasmos musculares graves que pueden afectar a la musculatura respiratoria y causar la muerte. La tosferina produce accesos de tos violentos y prolongados que pueden ser especialmente peligrosos en lactantes, causando apneas, neumonía, convulsiones e incluso daño cerebral.
La vacuna DTPa se administra en tres dosis durante el primer año (a los dos, cuatro y once meses) y requiere dosis de refuerzo a los seis años y en la adolescencia. En las mujeres embarazadas se recomienda una dosis de Tdpa (versión para adultos) entre las semanas 27 y 36 de gestación para proteger al recién nacido durante sus primeras semanas de vida, antes de que pueda recibir su propia vacunación.
Poliomielitis
La poliomielitis es una enfermedad viral que puede causar parálisis irreversible, especialmente en las extremidades inferiores. Gracias a los programas de vacunación masiva, la polio ha sido erradicada de Europa desde 2002, pero la vacunación debe mantenerse mientras el virus siga circulando en otras regiones del mundo para evitar su reintroducción. La vacuna se administra conjuntamente con la DTPa a los dos, cuatro y once meses.
Haemophilus influenzae tipo b (Hib)
Esta bacteria era, antes de la vacunación, una de las principales causas de meningitis bacteriana, neumonía y epiglotitis (inflamación de la epiglotis que puede provocar asfixia) en niños menores de cinco años. La vacuna Hib se administra a los dos, cuatro y once meses, integrada en la vacuna hexavalente que incluye también hepatitis B, DTPa y polio.
Neumococo
El neumococo (Streptococcus pneumoniae) es una bacteria responsable de infecciones graves como la meningitis, la neumonía, la bacteriemia y la otitis media aguda. La vacuna neumocócica conjugada se administra a los dos, cuatro y once meses de edad. La inclusión de esta vacuna en el calendario ha reducido drásticamente la incidencia de enfermedad neumocócica invasora en niños pequeños.
Meningococo
Las infecciones por meningococo pueden causar meningitis y septicemia, dos cuadros clínicos de extrema gravedad con elevada mortalidad y riesgo de secuelas permanentes (amputaciones, sordera, daño neurológico). El calendario vacunal español incluye la vacuna frente al meningococo B (a los dos, cuatro y doce meses) y la vacuna frente al meningococo ACWY (a los cuatro meses, los doce meses y en la adolescencia).
Vacunas entre uno y seis años
Triple vírica: sarampión, rubéola y parotiditis
La vacuna triple vírica protege frente a tres enfermedades virales. El sarampión causa fiebre alta, erupción cutánea y puede complicarse con neumonía y encefalitis. La rubéola es especialmente peligrosa durante el embarazo, ya que puede provocar malformaciones congénitas graves en el feto. La parotiditis (paperas) afecta a las glándulas salivales y puede causar meningitis y orquitis. Se administra una primera dosis a los doce meses y una segunda a los tres o cuatro años.
Varicela
La varicela, aunque generalmente benigna en la infancia, puede causar complicaciones graves como sobreinfecciones bacterianas de las lesiones cutáneas, neumonía y encefalitis. Además, el virus de la varicela permanece latente en el organismo y puede reactivarse en la edad adulta en forma de herpes zóster (culebrilla). La vacunación se realiza a los quince meses y a los tres o cuatro años.
Vacunas en la adolescencia
Virus del papiloma humano (VPH)
La vacuna frente al VPH protege contra los tipos del virus responsables del cáncer de cuello de útero, otros cánceres anogenitales y orofaríngeos, y las verrugas genitales. En España se administra a los doce años tanto a chicas como a chicos con una pauta de dos dosis. La vacunación antes del inicio de las relaciones sexuales proporciona la máxima protección, ya que previene la infección antes de la exposición al virus.
Refuerzo de meningococo ACWY
La adolescencia es un periodo de especial riesgo para la enfermedad meningocócica debido a los cambios en los hábitos sociales (mayor contacto interpersonal, convivencia en residencias estudiantiles). Por ello, se administra una dosis de refuerzo de la vacuna frente al meningococo ACWY a los doce años.
Refuerzo de tétanos, difteria y tosferina (Tdpa)
A los catorce años se administra una dosis de refuerzo de Tdpa para mantener la protección frente a estas tres enfermedades durante la edad adulta. La inmunidad generada por las vacunas de la infancia disminuye con el tiempo, por lo que estas dosis de recuerdo son fundamentales para mantener niveles de anticuerpos protectores.
Vacunas en la edad adulta
El calendario vacunal no termina en la adolescencia. Los adultos también necesitan mantener actualizada su protección vacunal.
Tétanos y difteria (Td). Los adultos que completaron la primovacunación en la infancia necesitan una dosis de refuerzo en torno a los 65 años. Aquellos que no completaron la pauta deben consultar con su médico para recibir las dosis necesarias.
Gripe estacional. La vacuna de la gripe se recomienda anualmente para personas mayores de 65 años, embarazadas, personas con enfermedades crónicas (diabetes, enfermedades cardiovasculares, respiratorias, inmunodepresión) y profesionales sanitarios. Se administra cada otoño antes del inicio de la temporada gripal.
COVID-19. Las vacunas frente al SARS-CoV-2 se han incorporado al calendario con recomendaciones de dosis de refuerzo periódicas, especialmente para personas mayores y grupos de riesgo, adaptando la formulación a las variantes circulantes.
Herpes zóster. A partir de los 65 años se recomienda la vacuna recombinante frente al herpes zóster, que reduce significativamente el riesgo de reactivación del virus de la varicela y la aparición de la dolorosa neuralgia postherpética.
Neumococo. En adultos mayores de 65 años y en personas con factores de riesgo se recomienda la vacunación frente al neumococo para prevenir la neumonía neumocócica, que tiene una elevada mortalidad en este grupo de edad.
Importancia de mantener el calendario actualizado
El éxito de los programas de vacunación depende de que la cobertura vacunal se mantenga por encima de un umbral determinado para cada enfermedad. Cuando la proporción de personas vacunadas desciende, el riesgo de brotes aumenta exponencialmente. España ha experimentado repuntes de sarampión en años recientes asociados a bolsas de población no vacunada, lo que pone de manifiesto la importancia de mantener altas coberturas vacunales.
Consultar el estado vacunal propio y el de los miembros de la familia con el médico de atención primaria, y completar las dosis que pudieran faltar, es una de las medidas preventivas más eficaces y rentables que existen para proteger la salud individual y colectiva.
Mitos frecuentes sobre las vacunas
A pesar de la aplastante evidencia científica que respalda la seguridad y la eficacia de las vacunas, persisten una serie de mitos y desinformaciones que generan desconfianza en una parte de la población y que conviene desmontar con datos objetivos.
Las vacunas causan autismo. Este mito se originó a partir de un estudio fraudulento publicado en 1998 que fue completamente desacreditado y retirado por la revista que lo publicó. Decenas de estudios posteriores con millones de participantes han confirmado que no existe ninguna relación entre las vacunas y el autismo. El autor del estudio original perdió su licencia médica por fraude científico y manipulación de datos.
Las vacunas sobrecargan el sistema inmunitario. El sistema inmunitario de un bebé sano es perfectamente capaz de responder a múltiples antígenos simultáneamente. De hecho, un bebé está expuesto diariamente a miles de antígenos procedentes de bacterias, virus y otros microorganismos ambientales. Los antígenos contenidos en las vacunas representan una fracción ínfima de los que el sistema inmunitario procesa habitualmente.
Las enfermedades que previenen las vacunas ya no existen. El hecho de que algunas enfermedades sean infrecuentes en España es precisamente el resultado de los programas de vacunación. Si se abandonara la vacunación, estas enfermedades reaparecerían rápidamente, como ha ocurrido en países donde la cobertura vacunal ha descendido. Los brotes de sarampión registrados en Europa en los últimos años son un ejemplo elocuente de este riesgo.
Es mejor adquirir la inmunidad de forma natural. Aunque la infección natural puede generar inmunidad, el precio a pagar puede ser inaceptable: complicaciones graves, secuelas permanentes e incluso la muerte. Las vacunas proporcionan inmunidad sin exponer al organismo a los riesgos de la enfermedad real, lo que las convierte en la opción más segura y eficiente.
Efectos secundarios de las vacunas
Como cualquier intervención médica, las vacunas pueden producir efectos secundarios, aunque en la inmensa mayoría de los casos son leves y transitorios. Los más frecuentes incluyen dolor, enrojecimiento e hinchazón en el punto de inyección, fiebre leve durante 24-48 horas, irritabilidad o malestar general y, en ocasiones, una erupción cutánea leve. Estos efectos son señales de que el sistema inmunitario está respondiendo a la vacuna y generando la protección deseada.
Los efectos secundarios graves, como las reacciones alérgicas severas (anafilaxia), son extremadamente raros, con una incidencia estimada de uno a dos casos por cada millón de dosis administradas. Los centros de vacunación están preparados para detectar y tratar estas reacciones de forma inmediata, por lo que se recomienda permanecer en observación durante al menos 15-20 minutos después de recibir cualquier vacuna.
Los sistemas de farmacovigilancia monitorizan continuamente la seguridad de las vacunas a nivel nacional e internacional. Cualquier señal de un posible efecto adverso no detectado durante los ensayos clínicos es investigada de forma rigurosa y transparente, garantizando que las vacunas en uso cumplen los más altos estándares de seguridad.
El calendario vacunal es, en definitiva, una de las herramientas de salud pública más eficaces de la historia de la medicina. Mantenerlo actualizado a lo largo de toda la vida es una responsabilidad individual que trasciende lo personal, ya que protege no solo a quien se vacuna sino a toda la comunidad, especialmente a los más vulnerables.
Preguntas frecuentes
¿Qué enfermedades previenen las vacunas importantes para la salud?
Las vacunas importantes protegen contra enfermedades como el tétanos, neumocócica, difteria, tos ferina, hepatitis, gripe estacional, VPH y varicela, que pueden causar complicaciones graves si no se previenen.
¿Cómo funcionan las vacunas para proteger la salud?
Las vacunas estimulan el sistema inmunitario para reconocer y destruir patógenos, creando un registro que permite una respuesta más rápida si se enfrenta a la misma enfermedad en el futuro.
¿Es necesario vacunarse toda la vida o solo en la infancia?
Aunque muchas vacunas se aplican en la infancia, algunas como la gripe o la tetánica requieren refuerzos durante la vida, por lo que es importante mantenerse al día con las recomendadas por el médico.
¿Qué síntomas causa la tos ferina y por qué es peligrosa?
La tos ferina provoca tos severa, vómitos y dificultad para respirar; si no se trata a tiempo, puede causar neumonía, convulsiones o daños cerebrales.
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