Enteritis: causas, síntomas y tratamiento

La enteritis es una inflamación del intestino delgado que puede causar síntomas como diarrea y dolor abdominal. Conoce sus causas y tratamiento.

Enteritis: causas, síntomas y tratamiento

La enteritis es la inflamación del intestino delgado, un tramo del aparato digestivo de aproximadamente seis metros de longitud donde se lleva a cabo la mayor parte de la digestión y la absorción de nutrientes. Cuando el intestino delgado se inflama, su capacidad para absorber agua y nutrientes se ve comprometida, lo que provoca síntomas como diarrea, dolor abdominal, náuseas y, en los casos más graves, deshidratación significativa. Aunque suele tratarse de un proceso agudo y autolimitado, la enteritis puede cronificarse o causar complicaciones que requieren atención médica. En este artículo abordaremos las causas, los tipos, los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento de la enteritis de forma detallada.

Anatomía y función del intestino delgado

El intestino delgado se divide en tres segmentos: duodeno (los primeros 25-30 cm, conectado al estómago), yeyuno (la porción intermedia, de unos 2,5 metros) e íleon (la porción final, de unos 3 metros, que desemboca en el intestino grueso). Su superficie interna está cubierta de millones de vellosidades intestinales, estructuras microscópicas que multiplican la superficie de absorción hasta alcanzar unos 250 m², equivalente a la superficie de una pista de tenis.

Cuando la enteritis inflama la mucosa intestinal, las vellosidades se dañan, la secreción de líquidos aumenta y la absorción se reduce drásticamente. El resultado es la pérdida de agua, electrolitos y nutrientes a través de las heces, que se vuelven líquidas y frecuentes.

Tipos de enteritis según su causa

Enteritis infecciosa

Es con diferencia la causa más frecuente y puede estar provocada por:

  • Virus: Los norovirus y los rotavirus son los agentes más comunes en adultos y niños respectivamente. También el adenovirus y el astrovirus pueden causar cuadros de enteritis viral. La transmisión es fecal-oral o por contacto con superficies contaminadas.
  • Bacterias: Salmonella, Campylobacter, Shigella, Escherichia coli enterotoxigénica y Clostridium difficile son las bacterias más habituales. La contaminación suele provenir de alimentos mal cocinados, agua no potable o manipulación inadecuada de alimentos.
  • Parásitos: Giardia lamblia, Cryptosporidium y Entamoeba histolytica son los parásitos intestinales más frecuentes, especialmente en viajeros a países tropicales y en personas con sistema inmunitario debilitado.

Enteritis por radiación (enteritis rádica)

Se produce como efecto secundario de la radioterapia dirigida a tumores abdominales o pélvicos. La radiación daña las células de la mucosa intestinal, provocando inflamación que puede ser aguda (durante o poco después del tratamiento) o crónica (meses o años después). Afecta a entre el 5 % y el 15 % de los pacientes sometidos a radioterapia abdominal.

Enteritis autoinmune

En la enfermedad celíaca, el sistema inmunitario reacciona contra el gluten (una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno) y daña las vellosidades del intestino delgado. La enfermedad de Crohn, cuando afecta al íleon (ileítis), es otra causa de enteritis autoinmune crónica. También existen formas más raras como la enteropatía autoinmune primaria.

Enteritis por medicamentos

Ciertos fármacos pueden causar inflamación del intestino delgado como efecto secundario:

  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINE): El uso crónico de ibuprofeno, naproxeno o diclofenaco puede dañar la mucosa intestinal.
  • Antibióticos: Alteran la flora intestinal y pueden favorecer el sobrecrecimiento de Clostridium difficile, que produce toxinas que inflaman la mucosa.
  • Quimioterapia: Los fármacos antineoplásicos pueden provocar mucositis intestinal como efecto adverso frecuente.

Enteritis isquémica

Se produce cuando el flujo sanguíneo al intestino delgado se reduce de forma significativa, generalmente por aterosclerosis, trombosis mesentérica o bajo gasto cardíaco. Es más frecuente en personas mayores y constituye una urgencia médica que puede evolucionar a necrosis intestinal.

Síntomas de la enteritis

Los síntomas varían según la causa, la extensión de la inflamación y el estado general del paciente, pero los más habituales son:

Síntomas digestivos

  • Diarrea: Es el síntoma cardinal. Las deposiciones son líquidas o semilíquidas, frecuentes (entre 3 y 20 veces al día) y pueden contener moco o, en infecciones invasivas, sangre.
  • Dolor abdominal: Generalmente tipo cólico (retortijones), localizado alrededor del ombligo o en la zona inferior del abdomen. Se intensifica antes de las deposiciones y puede aliviarse parcialmente tras ellas.
  • Náuseas y vómitos: Más frecuentes en las enteritis virales y en las fases iniciales de la enfermedad.
  • Distensión abdominal y gases: Por la fermentación de nutrientes no absorbidos por las bacterias intestinales.
  • Pérdida de apetito: El malestar digestivo reduce de forma natural las ganas de comer.
  • Ruidos intestinales aumentados: Los borborigmos (sonidos del intestino) son más audibles e intensos.

Síntomas generales

  • Fiebre: Frecuente en las enteritis bacterianas y parasitarias. Puede oscilar entre febrícula (37,5-38 °C) y fiebre alta (más de 39 °C) según el agente causal.
  • Deshidratación: Es la complicación más importante, especialmente en niños, personas mayores y pacientes crónicos. Se manifiesta como sed intensa, sequedad de boca y piel, ojos hundidos, disminución de la orina (oliguria), taquicardia y, en casos graves, hipotensión y letargia.
  • Fatiga y malestar general: Consecuencia de la pérdida de líquidos, electrolitos y nutrientes.
  • Dolores musculares: Frecuentes en las enteritis virales, como parte del cuadro infeccioso general.

Cuándo acudir al médico con urgencia

La mayoría de los episodios de enteritis aguda se resuelven en 2-5 días con medidas domiciliarias. Sin embargo, debes acudir al médico o a urgencias si presentas:

  • Diarrea que dura más de 3-5 días sin mejoría.
  • Sangre o pus en las heces.
  • Fiebre alta persistente (más de 38,5 °C) que no responde a antitérmicos.
  • Signos de deshidratación grave: confusión, mareo intenso al ponerse de pie, orina muy oscura o ausencia de orina durante más de 8 horas.
  • Dolor abdominal muy intenso, localizado o que no cede.
  • Vómitos persistentes que impiden la rehidratación oral.
  • Si el paciente es un lactante, un niño pequeño, una persona mayor o un paciente inmunodeprimido.
  • Si has regresado recientemente de un viaje a un país tropical o en vías de desarrollo.

Diagnóstico de la enteritis

El diagnóstico suele basarse en la historia clínica y la exploración física. En los casos que requieren estudio adicional, las pruebas más habituales son:

  • Coprocultivo: Análisis microbiológico de las heces para identificar bacterias patógenas.
  • Estudio de parásitos en heces: Necesario cuando se sospecha giardiasis, amebiasis u otras parasitosis.
  • Determinación de toxina de C. difficile: Indicada cuando la enteritis aparece tras un tratamiento antibiótico.
  • Analítica de sangre: Para valorar el grado de deshidratación (urea, creatinina, electrolitos), la presencia de infección (leucocitosis, PCR) y el estado nutricional.
  • Serología celíaca: Anticuerpos antitransglutaminasa y antiendomisio si se sospecha enfermedad celíaca.
  • Pruebas de imagen: Ecografía abdominal, TAC o enterorresonancia magnética en casos de sospecha de enfermedad de Crohn, enteritis isquémica o complicaciones.
  • Endoscopia con biopsia: La cápsula endoscópica o la enteroscopia permiten visualizar directamente la mucosa del intestino delgado y tomar biopsias para estudio histológico.

Tratamiento de la enteritis

Rehidratación: el pilar fundamental

Independientemente de la causa, la reposición de líquidos y electrolitos es la medida terapéutica más importante en la enteritis aguda. El objetivo es compensar las pérdidas producidas por la diarrea y los vómitos:

  • Rehidratación oral: Las soluciones de rehidratación oral (SRO) son la primera opción. Contienen una proporción equilibrada de glucosa, sodio, potasio y citrato que facilitan la absorción intestinal de agua. Están disponibles en farmacias en forma de sobres para disolver en agua. Se deben tomar a pequeños sorbos frecuentes.
  • Rehidratación intravenosa: Necesaria cuando los vómitos impiden la ingesta oral, la deshidratación es grave o el paciente es un lactante o una persona muy debilitada.

Alimentación durante la enteritis

  • Durante las primeras horas, si hay náuseas y vómitos, puede ser necesaria una dieta líquida (agua, caldos desgrasados, infusiones suaves, agua de arroz).
  • A medida que la tolerancia mejora, se introduce una dieta blanda astringente: arroz blanco, zanahoria hervida, patata cocida, pollo a la plancha, manzana asada, pan tostado, plátano maduro.
  • Evitar temporalmente: lácteos (la lactasa puede estar disminuida), alimentos grasos, frituras, alimentos ricos en fibra insoluble, bebidas con gas, café y alcohol.
  • La reintroducción de la dieta normal debe ser gradual, a lo largo de 3-5 días.

Tratamiento farmacológico

  • Probióticos: Existe evidencia de que ciertas cepas (especialmente Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii) reducen la duración de la diarrea en 1-2 días y ayudan a restaurar la microbiota intestinal.
  • Antidiarreicos: El racecadotrilo (inhibidor de la encefalinasa) reduce la secreción intestinal sin alterar la motilidad. La loperamida puede usarse puntualmente en adultos con diarrea no sanguinolenta, pero está contraindicada en enteritis invasivas (con sangre o fiebre alta).
  • Antieméticos: El ondansetrón es eficaz para controlar los vómitos, especialmente en niños, y permite la rehidratación oral.
  • Antibióticos: Solo están indicados en casos específicos: enteritis por Salmonella en pacientes de riesgo (inmunodeprimidos, lactantes, mayores), shigelosis, infección por C. difficile o enteritis parasitarias. El uso innecesario de antibióticos puede prolongar el cuadro o favorecer resistencias.
  • Hierro y suplementos: En la enteritis crónica que cursa con malabsorción, puede ser necesario suplementar hierro, ácido fólico, vitamina B12, calcio o vitamina D según las deficiencias detectadas.

Prevención de la enteritis

La mayoría de los casos de enteritis infecciosa son prevenibles con medidas de higiene básicas:

  • Lavado de manos: Con agua y jabón durante al menos 20 segundos, especialmente antes de manipular alimentos, después de ir al baño y tras cambiar pañales.
  • Seguridad alimentaria: Cocinar bien los alimentos de origen animal (carnes, huevos, mariscos), refrigerar los alimentos perecederos sin romper la cadena de frío, evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocinados, y consumir leche y derivados pasteurizados.
  • Agua segura: En viajes a países en desarrollo, beber solo agua embotellada, evitar el hielo y pelar las frutas antes de consumirlas.
  • Vacunación: La vacuna contra el rotavirus ha reducido drásticamente la incidencia de gastroenteritis grave en lactantes. La vacuna contra la fiebre tifoidea está recomendada para viajeros a zonas endémicas.
  • Uso racional de antibióticos: Tomarlos solo cuando estén prescritos por un médico y completar siempre la pauta indicada para evitar resistencias y disbiosis intestinal.

Enteritis crónica: cuándo sospecharla

Si la diarrea y el malestar abdominal persisten durante más de cuatro semanas, hablamos de enteritis crónica. Las causas más frecuentes incluyen la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn, la enteritis por radiación, la intolerancia a la lactosa, el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO) y determinadas infecciones parasitarias crónicas. El diagnóstico de la enteritis crónica requiere un estudio más completo que incluya analíticas específicas, pruebas de imagen y, con frecuencia, biopsia intestinal. Un gastroenterólogo es el especialista indicado para valorar estos cuadros y establecer un plan de tratamiento a largo plazo.

Complicaciones de la enteritis no tratada

Aunque la mayoría de los episodios de enteritis se resuelven sin complicaciones, la falta de un tratamiento adecuado puede dar lugar a situaciones serias:

  • Deshidratación severa: Es la complicación más frecuente y potencialmente peligrosa, especialmente en lactantes, niños pequeños y personas mayores. La deshidratación grave puede provocar insuficiencia renal aguda, shock hipovolémico e incluso ser mortal si no se trata con urgencia.
  • Desnutrición: En la enteritis crónica, la malabsorción prolongada de nutrientes puede provocar pérdida de peso, anemia ferropénica, déficit de vitaminas (B12, D, K) y minerales, debilidad muscular y retraso del crecimiento en niños.
  • Síndrome del intestino irritable postinfeccioso: Entre el 5 % y el 30 % de las personas que sufren una gastroenteritis infecciosa desarrollan síntomas de intestino irritable (dolor abdominal recurrente, alteración del hábito intestinal, hinchazón) que pueden persistir durante meses o años.
  • Intolerancia transitoria a la lactosa: El daño a las vellosidades intestinales puede reducir la producción de lactasa, la enzima que digiere la lactosa. Esta intolerancia suele ser temporal y se resuelve a medida que la mucosa intestinal se regenera (2-6 semanas), pero durante ese período es conveniente limitar los lácteos.
  • Artritis reactiva: Algunas bacterias como Salmonella, Shigella, Yersinia y Campylobacter pueden desencadenar una artritis inflamatoria postinfecciosa que afecta a las articulaciones grandes (rodillas, tobillos) semanas después de la enteritis.
  • Perforación intestinal: Complicación grave pero poco frecuente, asociada a la enteritis isquémica o a infecciones invasivas que afectan a la pared intestinal en profundidad.

La enteritis del viajero

La diarrea del viajero es una forma de enteritis infecciosa que afecta a entre el 20 % y el 60 % de las personas que viajan a países de baja o media renta (Sudeste asiático, India, África, América Central y del Sur). El agente causal más frecuente es E. coli enterotoxigénica (ETEC), seguida de Campylobacter y Salmonella.

Para prevenirla, se recomienda seguir la regla de «pélalo, hiérvalo, cocínelo o déjelo»: consumir solo alimentos bien cocinados y servidos calientes, beber agua embotellada o purificada, evitar el hielo y las ensaladas crudas en restaurantes, y lavarse las manos con frecuencia. En viajeros de alto riesgo (inmunodeprimidos, enfermedad inflamatoria intestinal), el médico puede prescribir antibióticos profilácticos o de tratamiento empírico para llevar durante el viaje.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la enteritis y cuáles son sus síntomas principales?

La enteritis es una inflamación del intestino delgado que puede causar dolor abdominal, diarrea, náuseas, vómitos, fiebre y pérdida de apetito. Los síntomas suelen aparecer entre 24 y 72 horas después de la exposición a la causa, como alimentos contaminados o infecciones virales.

¿Qué provoca la enteritis y cómo se puede prevenir?

La enteritis puede ser causada por bacterias, virus, medicamentos como antibióticos, radioterapia o enfermedades autoinmunitarias. Para prevenirla, es importante consumir alimentos bien cocinados, mantener buena higiene y evitar el uso innecesario de medicamentos que irritan el intestino.

¿La enteritis se cura sola o requiere tratamiento médico?

En muchos casos, la enteritis es autolimitada y se resuelve por sí sola, pero puede requerir atención médica si los síntomas son severos o hay riesgo de deshidratación. Es importante consultar a un profesional si los síntomas persisten o empeoran.

¿Cuál es la diferencia entre enteritis, colitis y gastritis?

La enteritis afecta el intestino delgado, la colitis inflama el intestino grueso y la gastritis afecta el estómago. Aunque están relacionadas, cada una tiene localización y causas distintas, aunque en algunos casos pueden presentarse juntas.

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