Mitos sobre la fertilidad que retrasan tu embarazo

La fertilidad está rodeada de mitos que pueden confundir a las parejas que buscan concebir. Conocer la verdad es esencial para abordar estos desafíos.

Mitos sobre la fertilidad que retrasan tu embarazo

La fertilidad es un tema rodeado de creencias populares, medias verdades y mitos que se transmiten de generación en generación. Estos mitos pueden generar falsas expectativas, retrasar la búsqueda de ayuda profesional y provocar una angustia innecesaria en las parejas que intentan concebir. En España, la edad media al primer hijo supera ya los 32 años, y las técnicas de reproducción asistida se han convertido en una herramienta habitual para muchas familias. Conocer qué es cierto y qué no lo es resulta fundamental para tomar decisiones informadas sobre la planificación familiar.

Mito 1: La fertilidad solo empieza a disminuir a los 40 años

Este es uno de los mitos más extendidos y potencialmente perjudiciales. La realidad es que la reserva ovárica comienza a disminuir de forma progresiva a partir de los 32-35 años y se acelera notablemente después de los 37. A los 40 años, la probabilidad de embarazo espontáneo por ciclo menstrual se sitúa entre el 5 y el 10 %, frente al 20-25 % de una mujer de 25 años.

Además, con la edad no solo disminuye la cantidad de óvulos, sino también su calidad genética: la tasa de aneuploidías (alteraciones cromosómicas) aumenta progresivamente, lo que eleva el riesgo de aborto espontáneo y de anomalías congénitas como el síndrome de Down. Esto no significa que sea imposible quedarse embarazada a los 40, pero sí que el tiempo juega en contra y que consultar con un especialista en reproducción a partir de los 35 —o tras seis meses de búsqueda activa sin resultado— es una decisión prudente.

Mito 2: La infertilidad es siempre un problema femenino

Durante mucho tiempo, la responsabilidad de la infertilidad recayó casi exclusivamente sobre la mujer. Sin embargo, las estadísticas actuales indican que el factor masculino está presente en aproximadamente el 40-50 % de los casos de infertilidad de pareja. Las causas masculinas más frecuentes son:

  • Oligozoospermia: baja concentración de espermatozoides en el eyaculado (menos de 15 millones/mL según los criterios de la OMS).
  • Astenozoospermia: movilidad reducida de los espermatozoides, lo que dificulta su avance hacia el óvulo.
  • Teratozoospermia: alteraciones morfológicas en los espermatozoides que comprometen su capacidad de fecundación.
  • Varicocele: dilatación de las venas del plexo pampiniforme del testículo, que puede alterar la temperatura escrotal y la espermatogénesis.
  • Factores ambientales: exposición a tóxicos, pesticidas, metales pesados, calor excesivo, tabaquismo y consumo habitual de alcohol.

Un simple seminograma (análisis de semen) permite evaluar la calidad espermática y orientar el diagnóstico. Se recomienda realizarlo como primer paso en el estudio de fertilidad de la pareja.

Mito 3: Si ya te has quedado embarazada una vez, no tendrás problemas para repetir

La infertilidad secundaria —la dificultad para lograr un nuevo embarazo después de haber tenido uno o más hijos— es más frecuente de lo que se piensa. Sus causas pueden ser diversas:

  • El paso del tiempo y la consiguiente disminución de la reserva ovárica.
  • Complicaciones del embarazo o parto previo (infecciones, adherencias, cesárea).
  • Cambios en el peso corporal, el estilo de vida o el estado de salud de cualquiera de los miembros de la pareja.
  • Desarrollo de endometriosis o miomas uterinos en el intervalo entre gestaciones.
  • Deterioro de la calidad espermática en la pareja masculina.

Dar por sentado que la fertilidad es permanente puede llevar a posponer la búsqueda y a perder un tiempo valioso.

Mito 4: Los anticonceptivos hormonales causan infertilidad

Una creencia muy arraigada es que el uso prolongado de píldoras anticonceptivas, implantes o DIU hormonales daña la fertilidad futura. La evidencia científica muestra lo contrario: tras interrumpir los anticonceptivos hormonales, la mayoría de las mujeres recuperan la ovulación en un plazo de uno a tres ciclos menstruales. Algunos estudios incluso sugieren un ligero efecto rebote, con tasas de embarazo ligeramente superiores en los primeros meses tras la retirada.

Lo que sí puede ocurrir es que la mujer comience a utilizar anticonceptivos a una edad temprana y los retire muchos años después, momento en el que su fertilidad natural ya se ha reducido por el paso del tiempo, no por el anticonceptivo en sí. Es importante no confundir correlación con causalidad.

Mito 5: El estrés impide quedarse embarazada

La relación entre estrés y fertilidad es compleja. Es cierto que niveles muy elevados y sostenidos de estrés pueden alterar el eje hipotálamo-hipófisis-ovario, provocando irregularidades menstruales o anovulación. Sin embargo, el estrés cotidiano no suele ser suficiente por sí solo para causar infertilidad.

Lo que sí genera el estrés es un círculo vicioso: la ansiedad por no lograr el embarazo provoca más estrés, lo que a su vez puede afectar a la calidad de la relación de pareja y reducir la frecuencia de relaciones sexuales durante la ventana fértil. Gestionar el estrés mediante técnicas de relajación, ejercicio moderado y apoyo psicológico es beneficioso, pero no es un tratamiento de fertilidad.

Mito 6: Ciertas posturas sexuales aumentan las probabilidades de concepción

No existe ninguna evidencia científica de que una postura sexual concreta facilite el embarazo. Los espermatozoides, una vez depositados en el fondo vaginal, avanzan por el moco cervical hacia el útero y las trompas de Falopio por quimiotaxis (atracción química) independientemente de la posición del cuerpo.

Del mismo modo, permanecer tumbada con las piernas elevadas tras la relación no mejora las probabilidades de concepción. El moco cervical actúa como un medio de transporte que retiene a los espermatozoides viables y los libera gradualmente hacia las trompas.

Mito 7: La alimentación no influye en la fertilidad

La dieta tiene un impacto real y documentado sobre la fertilidad de ambos miembros de la pareja. Los estudios asocian una mayor tasa de concepción con:

  • Dieta mediterránea: rica en frutas, verduras, legumbres, pescado azul, aceite de oliva virgen extra y cereales integrales. Su perfil antioxidante y antiinflamatorio mejora la calidad ovocitaria y espermática.
  • Ácido fólico: su suplementación antes de la concepción (al menos un mes antes) reduce el riesgo de defectos del tubo neural y puede mejorar la implantación embrionaria.
  • Omega-3: los ácidos grasos EPA y DHA mejoran la fluidez de las membranas celulares del óvulo y del espermatozoide, facilitando la fecundación.
  • Evitar ultraprocesados: los alimentos con alto contenido en grasas trans, azúcares refinados y aditivos se asocian con inflamación sistémica y resistencia a la insulina, ambos factores que perjudican la fertilidad.
  • Peso saludable: tanto el sobrepeso como el bajo peso alteran la producción hormonal. Un IMC entre 19 y 25 se considera el rango óptimo para la fertilidad.

Mito 8: La fertilización in vitro garantiza el embarazo

Las técnicas de reproducción asistida (TRA) han permitido a millones de parejas cumplir su deseo de ser padres, pero no son infalibles. La tasa de éxito de un ciclo de fecundación in vitro (FIV) varía enormemente según la edad de la mujer:

  • Menores de 35 años: tasa de embarazo por transferencia de alrededor del 40-45 %.
  • 35-37 años: entre el 30 y el 35 %.
  • 38-40 años: entre el 20 y el 25 %.
  • Mayores de 40 años: entre el 10 y el 15 %, descendiendo rápidamente a partir de los 42.

Estos porcentajes mejoran cuando se realizan varios ciclos acumulados o cuando se recurre a técnicas como el diagnóstico genético preimplantacional (DGP), pero es importante tener expectativas realistas. La FIV es una herramienta poderosa, no una garantía.

Mito 9: Si tienes ciclos regulares, no hay problema de fertilidad

Los ciclos menstruales regulares son un buen indicador de que la ovulación se produce con normalidad, pero no descartan otros problemas que pueden dificultar la concepción:

  • Obstrucción tubárica: las trompas de Falopio pueden estar bloqueadas por adherencias, infecciones previas (como la clamidia) o endometriosis, impidiendo el encuentro entre el óvulo y el espermatozoide.
  • Endometriosis: afecta a un 10-15 % de las mujeres en edad fértil y puede comprometer la fertilidad incluso en estadios leves.
  • Factor cervical: alteraciones en el moco cervical que dificultan el paso de los espermatozoides.
  • Factor inmunológico: anticuerpos antiespermatozoides que destruyen o inmovilizan los espermatozoides.

Mito 10: El estilo de vida del hombre no importa

La calidad del esperma es sensible a múltiples factores del estilo de vida:

  • Tabaco: reduce la concentración, la movilidad y la morfología de los espermatozoides, y aumenta la fragmentación del ADN espermático.
  • Alcohol: el consumo excesivo afecta a la producción de testosterona y a la espermatogénesis.
  • Temperatura testicular: el uso frecuente de saunas, baños calientes, ropa interior ajustada o la colocación prolongada del ordenador portátil sobre el regazo eleva la temperatura escrotal y puede reducir la producción de espermatozoides.
  • Obesidad: el exceso de tejido adiposo convierte la testosterona en estrógenos mediante la enzima aromatasa, alterando el equilibrio hormonal masculino.
  • Sedentarismo: la falta de actividad física se asocia con peor calidad seminal, mientras que el ejercicio moderado la mejora.

Cuándo consultar con un especialista en fertilidad

Las sociedades científicas recomiendan acudir a un especialista en reproducción cuando:

  • La pareja lleva 12 meses de relaciones sexuales sin anticoncepción y sin lograr embarazo (si la mujer tiene menos de 35 años).
  • Han transcurrido 6 meses sin resultado si la mujer tiene 35 años o más.
  • Existen antecedentes de irregularidades menstruales, endometriosis, cirugía pélvica, infecciones de transmisión sexual o abortos de repetición.
  • El hombre tiene antecedentes de criptorquidia, varicocele, quimioterapia o traumatismo testicular.

Conclusión

Desmitificar la fertilidad es el primer paso para abordarla con conocimiento y sin miedo. La edad es el factor más determinante, pero no el único: la salud de ambos miembros de la pareja, la alimentación, el estilo de vida y el acceso a un diagnóstico temprano pueden marcar la diferencia entre meses de espera y una búsqueda orientada y eficaz. Ante cualquier duda, consultar con un ginecólogo o un especialista en medicina reproductiva es siempre la mejor decisión.

Mitos adicionales frecuentes

Mito 11: La luna llena favorece la concepción

No existe evidencia científica alguna que relacione las fases lunares con la fertilidad humana. Esta creencia tiene raíces en la coincidencia aproximada entre la duración del ciclo menstrual (28 días de media) y el ciclo lunar (29,5 días), pero se trata de una mera casualidad sin relación causal. Los estudios que han analizado bases de datos con miles de nacimientos no encuentran correlación significativa entre las fases de la luna y las tasas de concepción o parto.

Mito 12: Los complementos naturales pueden sustituir a los tratamientos médicos

Suplementos como la maca, la jalea real, la vitamina E o la coenzima Q10 se comercializan como potenciadores de la fertilidad. Si bien algunos de ellos tienen efectos antioxidantes que podrían mejorar marginalmente la calidad ovocitaria o espermática, no sustituyen un diagnóstico médico ni un tratamiento de reproducción asistida. Confiar exclusivamente en estos productos puede retrasar la consulta con el especialista y reducir las probabilidades de éxito.

Mito 13: La posición del útero impide el embarazo

Tener un útero en retroversión (inclinado hacia atrás) afecta aproximadamente al 20 % de las mujeres y es una variante anatómica normal. No se ha demostrado que esta posición dificulte la concepción ni que requiera ningún tipo de corrección.

Avances recientes en el estudio de la fertilidad

La investigación en medicina reproductiva avanza a un ritmo acelerado. Algunos de los desarrollos más prometedores incluyen:

  • Test genéticos preimplantacionales (PGT-A): permiten analizar los cromosomas del embrión antes de la transferencia, seleccionando los que tienen mayor probabilidad de dar lugar a un embarazo viable.
  • Vitrificación de óvulos: la técnica de criopreservación ultrarrápida ha revolucionado la preservación de la fertilidad, permitiendo a las mujeres congelar óvulos jóvenes para utilizarlos en el futuro con tasas de supervivencia superiores al 90 %.
  • Inteligencia artificial en embriología: algoritmos de aprendizaje automático que evalúan la morfología embrionaria y predicen el potencial de implantación con mayor precisión que la evaluación visual convencional.
  • Microbioma endometrial: estudios recientes sugieren que el equilibrio bacteriano del endometrio (dominancia de Lactobacillus) influye en la receptividad uterina y en las tasas de implantación.

Estos avances no eliminan la importancia de la prevención y de la consulta temprana, pero amplían significativamente las opciones disponibles para las parejas que enfrentan dificultades reproductivas.

Preguntas frecuentes

¿Puede una mujer tener problemas de fertilidad aunque tenga menstruación regular?

Sí, es posible. Algunas mujeres tienen menstruaciones regulares pero no ovulan correctamente debido a trastornos hormonales como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), lo que afecta su capacidad para concebir.

¿Si ya tuve un hijo antes, puedo tener dificultades para quedarme embarazada de nuevo?

Sí, es posible. La fertilidad puede disminuir con la edad tanto en hombres como en mujeres, y factores como el envejecimiento o problemas de salud pueden afectar la capacidad de concebir incluso después de haber tenido un hijo.

¿Es cierto que si una pareja decide tener un bebé, lo logrará fácilmente?

No necesariamente. Aunque sean jóvenes y sanos, solo tienen entre un 20% y un 30% de probabilidad de concebir en cada ciclo. Muchas parejas tardan varios meses o incluso un año en lograrlo.

¿El sobrepeso afecta la fertilidad en hombres y mujeres?

Sí, el sobrepeso puede alterar las hormonas en ambos sexos, afectando negativamente la calidad del esperma en los hombres y la ovulación en las mujeres, lo que reduce las posibilidades de concebir.

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