¿Qué es la epilepsia?
La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica que se caracteriza por una predisposición a sufrir crisis epilépticas recurrentes. Estas crisis se producen por una actividad eléctrica anormal y excesiva en grupos de neuronas del cerebro, provocando desde breves ausencias hasta convulsiones generalizadas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la epilepsia afecta a más de 50 millones de personas en todo el mundo, siendo una de las enfermedades neurológicas más frecuentes. En España, se estima que la padecen entre 400.000 y 600.000 personas, con aproximadamente 20.000 nuevos casos cada año, principalmente en niños y personas mayores de 65 años.
El Día Internacional de la Epilepsia se conmemora el segundo lunes de febrero para sensibilizar a la sociedad, reducir el estigma y promover una mejor atención médica. A pesar de ser tan prevalente, la epilepsia sigue rodeada de mitos y desconocimiento que dificultan la vida de quienes la padecen.
Tipos de crisis epilépticas
No todas las crisis epilépticas son iguales. La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) las clasifica en dos grandes categorías según su origen:
Crisis focales (parciales)
Se originan en una zona concreta del cerebro. Pueden ser:
- Focales con consciencia preservada: la persona está despierta pero experimenta síntomas como movimientos involuntarios de una extremidad, hormigueo, alteraciones visuales, auditivas o sensación de déjà vu. Anteriormente se denominaban crisis parciales simples.
- Focales con alteración de consciencia: la persona pierde parcialmente la consciencia, puede realizar movimientos automáticos (chupeteo, frotarse las manos, caminar sin rumbo) y no recuerda el episodio. Antes se conocían como crisis parciales complejas.
- Focales que evolucionan a bilaterales: empiezan en una zona y se extienden a todo el cerebro, provocando una convulsión generalizada. Este patrón de propagación es importante para el diagnóstico y la elección del tratamiento.
Crisis generalizadas
Afectan a ambos hemisferios cerebrales desde el inicio:
- Tónico-clónicas (gran mal): las más conocidas. La persona pierde la consciencia, el cuerpo se rigidiza (fase tónica) y luego sufre sacudidas rítmicas (fase clónica). Suelen durar 1-3 minutos y pueden ir seguidas de un período de confusión.
- Ausencias (pequeño mal): desconexión breve (5-30 segundos) en la que la persona se queda "en blanco", con la mirada fija. Muy frecuentes en niños de 4 a 12 años. Pueden ocurrir decenas de veces al día y confundirse con falta de atención.
- Mioclónicas: sacudidas musculares breves y bruscas, como un "espasmo". Frecuentes al despertar en la epilepsia mioclónica juvenil.
- Atónicas: pérdida repentina del tono muscular que provoca caídas, con alto riesgo de traumatismo craneal.
- Tónicas: rigidez muscular generalizada sin fase clónica, más comunes durante el sueño.
Causas de la epilepsia
En aproximadamente el 50 % de los casos, la causa es desconocida (epilepsia idiopática o de presunta base genética). En el resto, las causas más frecuentes son:
- Genética: algunas formas de epilepsia tienen un componente hereditario bien identificado. Se han descubierto más de 500 genes asociados a diferentes síndromes epilépticos, y las pruebas genéticas son cada vez más habituales en la práctica clínica.
- Lesiones cerebrales: traumatismos craneoencefálicos, accidentes cerebrovasculares (ictus) o tumores cerebrales. El ictus es la causa más frecuente de epilepsia en mayores de 65 años.
- Infecciones del sistema nervioso: meningitis, encefalitis o neurocisticercosis (la causa más frecuente de epilepsia adquirida a nivel mundial).
- Malformaciones cerebrales congénitas: displasias corticales, esclerosis tuberosa o heterotopías neuronales.
- Lesiones perinatales: sufrimiento fetal, asfixia neonatal o partos complicados. Son la causa más habitual de epilepsia en los primeros años de vida.
- Enfermedades degenerativas: Alzheimer y otras demencias pueden debutar con crisis epilépticas, especialmente en fases avanzadas.
- Esclerosis del hipocampo: la causa más frecuente de epilepsia del lóbulo temporal, el tipo más común de epilepsia focal en adultos.
Diagnóstico de la epilepsia
Un diagnóstico correcto es fundamental para elegir el tratamiento adecuado. El proceso diagnóstico incluye varias pruebas complementarias:
Electroencefalograma (EEG)
Es la prueba más importante. Registra la actividad eléctrica del cerebro mediante electrodos colocados en el cuero cabelludo. Puede realizarse en vigilia, durante el sueño o con privación de sueño para aumentar su sensibilidad. El EEG detecta patrones eléctricos anormales (puntas, ondas agudas, complejos punta-onda) que ayudan a clasificar el tipo de epilepsia.
Resonancia magnética cerebral (RM)
Permite identificar lesiones estructurales responsables de las crisis: tumores, malformaciones, cicatrices o esclerosis del hipocampo. Se recomienda una RM de alta resolución con protocolo específico de epilepsia en todos los pacientes con crisis focales.
Video-EEG
Combina el registro electroencefalográfico con grabación de vídeo continua, generalmente durante varios días de ingreso hospitalario. Es fundamental para pacientes candidatos a cirugía, ya que permite correlacionar las manifestaciones clínicas con la actividad eléctrica cerebral y localizar con precisión el foco epiléptico.
Otras pruebas
- Analíticas de sangre: para descartar causas metabólicas (hipoglucemia, alteraciones electrolíticas, insuficiencia renal o hepática).
- Estudio genético: cada vez más utilizado, especialmente en epilepsias de inicio en la infancia. Puede orientar el tratamiento hacia fármacos específicos según la mutación identificada.
- PET y SPECT cerebral: estudios de medicina nuclear que evalúan el metabolismo y la perfusión cerebral, útiles para localizar el foco epiléptico cuando la RM es normal.
Síntomas y señales de alerta
Los síntomas de la epilepsia varían enormemente según el tipo de crisis:
- Convulsiones con pérdida de consciencia y movimientos rítmicos incontrolables.
- Episodios de ausencia: mirada fija, falta de respuesta al entorno durante segundos.
- Movimientos involuntarios repetitivos: masticación, deglución, frotarse las manos.
- Sensaciones anormales previas al ataque (aura): hormigueo, olores extraños, sensación de miedo o euforia, alteraciones visuales como destellos luminosos.
- Confusión postictal: desorientación y somnolencia tras la crisis, que puede durar minutos u horas.
- Pérdida de tono muscular con caída repentina.
- Mordedura de lengua e incontinencia urinaria durante las crisis tónico-clónicas.
- Episodios nocturnos: algunas epilepsias se manifiestan exclusivamente durante el sueño, con movimientos bruscos, vocalizaciones o posturas anómalas que pueden confundirse con parasomnias.
Tratamiento de la epilepsia
La buena noticia es que hasta el 70 % de las personas con epilepsia pueden controlar completamente sus crisis con el tratamiento adecuado:
Fármacos antiepilépticos (FAE)
Son el tratamiento de primera línea. Los más utilizados incluyen valproato, levetiracetam, lamotrigina, carbamazepina y lacosamida. El 70 % de los pacientes logran estar libres de crisis con uno o dos fármacos. La elección del fármaco depende del tipo de crisis, la edad del paciente, las comorbilidades y los posibles efectos secundarios.
Los fármacos antiepilépticos de nueva generación (brivaracetam, cenobamato, fenfluramina) ofrecen mecanismos de acción complementarios y perfiles de tolerabilidad mejorados. El cenobamato, aprobado para epilepsia focal refractaria, ha demostrado tasas de control de crisis superiores al 20 % en pacientes que no respondían a otros tratamientos.
Cirugía de la epilepsia
Para el 30 % que no responde a medicación (epilepsia refractaria), la cirugía puede ser una opción cuando se localiza con precisión el foco epiléptico. Las tasas de éxito superan el 60-70 % en centros especializados. La lobectomía temporal anterior es la intervención más frecuente y la que mejores resultados ofrece, con tasas de libertad de crisis del 70-80 % a largo plazo.
Neuroestimulación
El estimulador del nervio vago (ENV) y la estimulación cerebral profunda son opciones para pacientes no candidatos a cirugía. Reducen la frecuencia e intensidad de las crisis en un 50 % o más. Los dispositivos de neuroestimulación de última generación pueden detectar actividad eléctrica anormal y aplicar estimulación de forma automática antes de que se produzca la crisis.
Dieta cetogénica
Especialmente eficaz en epilepsias infantiles refractarias. Esta dieta alta en grasas y baja en carbohidratos modifica el metabolismo cerebral, favoreciendo la producción de cuerpos cetónicos que tienen propiedades antiepilépticas. Puede reducir las crisis en un 50 % o más en la mitad de los pacientes que la siguen. Variantes como la dieta Atkins modificada son más flexibles y mejor toleradas.
Terapias emergentes
La investigación en epilepsia avanza hacia tratamientos personalizados:
- Terapia génica: en fase experimental para epilepsias monogénicas como el síndrome de Dravet, con resultados prometedores en modelos preclínicos.
- Medicina de precisión: las pruebas genéticas permiten seleccionar el fármaco más adecuado según el perfil genético del paciente, evitando fármacos ineficaces o potencialmente perjudiciales.
- Dispositivos inteligentes: pulseras y sensores que detectan crisis en tiempo real y alertan a familiares o servicios de emergencia.
Cómo actuar ante una crisis epiléptica: guía paso a paso
Saber cómo actuar puede salvar vidas. Si presencias una crisis convulsiva:
- Mantén la calma y cronometra la duración de la crisis.
- Protege a la persona: retira objetos peligrosos cercanos y coloca algo blando bajo su cabeza.
- Ponla de lado (posición lateral de seguridad) para evitar que se ahogue con saliva o vómito.
- NO introduzcas nada en su boca: es un mito que se trague la lengua. Meter objetos puede causar lesiones dentales o mandibulares.
- NO la sujetes ni intentes frenar las convulsiones: podrías provocar luxaciones o fracturas.
- Llama al 112 si la crisis dura más de 5 minutos, si es la primera vez, si se golpea la cabeza, si no recupera la consciencia o si tiene una segunda crisis seguida.
- Quédate con ella hasta que se recupere completamente. La confusión postictal es normal y puede durar desde minutos hasta horas.
- Ofrece tranquilidad: cuando la persona recupere la consciencia, explícale lo sucedido con calma.
Epilepsia en niños y adolescentes
La epilepsia es especialmente frecuente en la infancia, con una incidencia máxima en el primer año de vida. Algunos aspectos relevantes en esta edad:
- Convulsiones febriles: afectan al 2-5 % de los niños entre 6 meses y 5 años. La mayoría son benignas y no requieren tratamiento crónico, aunque pueden ser muy alarmantes para los padres.
- Epilepsia benigna de la infancia (rolándica): la forma más frecuente de epilepsia infantil. Se presenta con crisis focales durante el sueño y remite espontáneamente en la adolescencia.
- Síndrome de West: espasmos infantiles que aparecen en el primer año de vida. Requiere diagnóstico y tratamiento urgente para minimizar el impacto en el desarrollo neurológico.
- Impacto escolar: las crisis de ausencia pueden pasar desapercibidas durante meses y afectar al rendimiento académico. La comunicación con profesores y compañeros es fundamental.
Vivir con epilepsia: acabar con el estigma
Uno de los mayores obstáculos que enfrentan las personas con epilepsia es el estigma social. La falta de información genera miedo, discriminación laboral y aislamiento. Según la OMS, en muchos países, las personas con epilepsia sufren restricciones legales injustificadas en ámbitos como el empleo, la conducción o el matrimonio.
La realidad es que la mayoría de personas con epilepsia llevan una vida completamente normal con el tratamiento adecuado: estudian, trabajan, conducen (tras un periodo de 12 meses sin crisis según la legislación española) y forman familias.
Algunas recomendaciones para convivir con la epilepsia:
- Adherencia al tratamiento: tomar la medicación a las mismas horas cada día y no suspenderla sin supervisión médica.
- Evitar desencadenantes conocidos: privación de sueño, estrés excesivo, consumo de alcohol y luces estroboscópicas (en epilepsias fotosensibles).
- Informar al entorno: que familiares, compañeros de trabajo y amigos sepan actuar ante una crisis reduce la ansiedad de todos.
- Seguimiento médico regular: ajustes de medicación, analíticas periódicas y control de efectos secundarios.
Un seguimiento neurológico adecuado es clave para controlar la epilepsia. Disponer de un seguro de salud con acceso a neurología, pruebas diagnósticas como el electroencefalograma o la resonancia magnética, y atención urgente sin listas de espera, marca una diferencia significativa en la calidad de vida de los pacientes con esta enfermedad.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la epilepsia y cuántas personas la padecen?
La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica que causa crisis recurrentes por actividad eléctrica anormal en el cerebro. Afecta a más de 50 millones de personas en el mundo y entre 400.000 y 600.000 en España, con unos 20.000 nuevos casos anuales.
¿Qué hacer cuando alguien tiene una crisis epiléptica?
Mantén la calma, retira objetos peligrosos, coloca algo blando bajo su cabeza, ponla de lado y NO introduzcas nada en su boca. Llama al 112 si la crisis dura más de 5 minutos, es la primera vez, se golpea la cabeza o no recupera la consciencia.
¿La epilepsia tiene cura?
El 70 % de los pacientes logran controlar completamente las crisis con fármacos antiepilépticos. Para el 30 % restante (epilepsia refractaria), existen opciones como la cirugía (éxito del 60-70 %), la neuroestimulación y la dieta cetogénica. No todos los casos se curan, pero la mayoría se controlan eficazmente.
¿Cuáles son los síntomas de la epilepsia?
Los síntomas varían según el tipo de crisis: convulsiones con pérdida de consciencia, episodios de ausencia (mirada fija), movimientos involuntarios repetitivos, sensaciones anormales previas (aura), confusión posterior y en algunos casos caídas repentinas por pérdida de tono muscular.
¿Qué tipos de crisis epilépticas existen?
Se clasifican en focales (originadas en una zona del cerebro, con o sin alteración de consciencia) y generalizadas (afectan a todo el cerebro). Las generalizadas incluyen tónico-clónicas (convulsiones), ausencias (desconexión breve), mioclónicas (sacudidas bruscas) y atónicas (caídas).
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