Cómodas, frescas y baratas: las chanclas son el uniforme oficial del verano español. Pero los podólogos llevan años lanzando el mismo aviso: usarlas como calzado habitual —para caminar por la ciudad, trabajar o pasar el día entero— pasa factura en forma de fascitis plantar, metatarsalgia, tendinitis y hasta dedos en garra. La paradoja es que también hay lugares donde las chanclas son justo lo recomendado. En esta guía te contamos qué le hacen exactamente a tu pisada según los estudios biomecánicos, cuándo usarlas y cuándo no, y cómo elegir un calzado de verano que no te estropee los pies.
Lo que dicen los podólogos del uso prolongado de chanclas
El Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos incluye entre sus recomendaciones básicas de verano evitar las chanclas como calzado habitual, y el Colegio de Podólogos de Andalucía es aún más explícito: su uso continuado puede producir fascitis plantar, porque la falta de sujeción y de soporte del arco sobrecarga la fascia y provoca dolor intenso en el talón. Estas son las lesiones que las consultas podológicas ven repetirse cada verano:
- Fascitis plantar: la suela plana y sin soporte del arco tensa la fascia en cada paso.
- Metatarsalgia: dolor en la zona de apoyo del antepié por la escasa amortiguación.
- Tendinitis de los extensores de los dedos, del tibial anterior y del tendón de Aquiles.
- Dedos en garra o martillo: como la chancla va suelta, los dedos se contraen para "agarrarla" en cada paso; esa contracción repetida miles de veces acaba deformando los dedos.
- Esguinces de tobillo por la nula sujeción lateral, y dolores que ascienden a rodillas, caderas y zona lumbar por la alteración de la marcha.
- Grietas en los talones: el calzado abierto genera presión irregular sobre una piel con pocas glándulas sebáceas.
Qué le hacen a tu forma de caminar: la evidencia biomecánica
No es solo opinión clínica. Un estudio de la Universidad de Auburn (EE. UU.) presentado en el congreso del American College of Sports Medicine analizó la marcha de 39 personas con plataformas de fuerza y vídeo, y encontró que al caminar con chanclas:
- Se dan pasos más cortos que con zapatillas.
- Los dedos no se elevan con normalidad durante la fase de balanceo, porque están ocupados sujetando la chancla.
- Cambia el apoyo del talón y la distribución de presiones en la planta.
Los autores concluían que esa marcha alterada puede provocar dolor "desde el pie hasta las caderas y la zona lumbar", y recomendaban no usarlas todo el día y sustituirlas cada 3-4 meses si se usan con frecuencia. Estudios posteriores (como el publicado en el Journal of Foot and Ankle Research en 2013) confirmaron el mecanismo de "agarre" sostenido de los dedos, y otros trabajos midieron presiones plantares pico mayores con chanclas que con calzado deportivo. Las sandalias con copa de talón y algo de estructura, en cambio, se comportan de forma mucho más parecida a una marcha normal.
Cuándo SÍ hay que usar chanclas (y por qué)
La misma podología que las desaconseja para caminar las recomienda expresamente en duchas públicas, vestuarios y bordes de piscina. El motivo es infeccioso, no biomecánico:
- El pie de atleta (hongos) es la micosis cutánea más frecuente en España, con una prevalencia estimada del 12,6%, y alrededor del 8% de los usuarios de piscinas lo contrae. El calor y la humedad del verano disparan los diagnósticos.
- Las verrugas plantares o papilomas (causadas por el virus del papiloma humano) afectan a en torno al 10-12% de la población infantil y adolescente, y se contagian precisamente en superficies húmedas compartidas.
La regla es sencilla: chanclas puestas sobre suelo mojado compartido, chanclas fuera para caminar distancias. Ni descalzo en el vestuario ni con chanclas por la ciudad.
Cómo elegir un calzado de verano saludable
Los criterios en los que coinciden los colegios profesionales de podología:
Sujeción trasera: tira o contrafuerte en el talón; si el pie va anclado, los dedos no tienen que "agarrar" el calzado.
Suela de 2-3 centímetros: ni completamente plana ni de plataforma; con amortiguación y dibujo antideslizante.
Soporte del arco: plantilla anatómica que reparta las presiones.
Ajuste regulable: hebillas o velcro que adapten la sandalia al pie.
Materiales transpirables, preferiblemente piel u otros materiales naturales que no maceren la piel.
Jerarquía práctica: sandalia cerrada o con tiras > alpargata > chancla de dedo. La alpargata plana comparte con la chancla el problema de la suela fina.
Niños y mayores: los dos grupos donde más importa
En los niños, el pie está en pleno desarrollo: para el uso diario conviene sandalia con contrafuerte firme y sujeción, dejando las chanclas para la piscina. En las personas mayores, el calzado inadecuado es un factor de riesgo de caídas documentado —en estudios sobre residencias españolas, una parte significativa de las caídas se relaciona con problemas de pies y calzado—; una chancla de dedo suelta es lo contrario de lo que necesita un pie con menos estabilidad y sensibilidad.
El resto del "pack verano": arena, grietas y pie diabético
Las chanclas no son el único frente. El verano castiga los pies por varias vías:
- Arena ardiendo: con el aire a 30-32 °C, la arena oscura puede superar los 50 °C; caminar descalzo en las horas centrales provoca quemaduras reales en la planta.
- Sequedad y grietas en los talones: sol, calzado abierto y roce constante. Hidratación diaria específica y piedra pómez con moderación.
- Hongos y papilomas, como hemos visto: secado minucioso entre los dedos y chanclas en zonas húmedas compartidas.
- Pie diabético: mención aparte. La neuropatía reduce la sensibilidad al calor y al dolor, de modo que una quemadura en la arena o el roce de una sandalia pueden pasar inadvertidos y ulcerarse. Los especialistas recomiendan a las personas con diabetes no caminar nunca descalzas —tampoco por la playa—, usar calzado que cubra y proteja el pie, revisarse los pies a diario e hidratarlos, y pasar por el podólogo antes del verano.
Hongos y verrugas: cómo protegerte en la piscina
Ya que las chanclas de piscina son la primera línea de defensa contra las infecciones del pie, conviene saber cómo completar esa protección. El pie de atleta (tinea pedis) y las verrugas plantares comparten mecanismo de contagio: superficies húmedas, calor y piel reblandecida. Las medidas que de verdad funcionan:
Chanclas siempre en duchas, vestuarios y bordes de piscina; nunca descalzo en esas zonas.
Secado minucioso entre los dedos después de cada baño: la humedad atrapada es el caldo de cultivo de los hongos.
Calcetines de algodón y calzado transpirable; cambiar de calcetines si se humedecen.
No compartir toallas, calzado ni cortaúñas.
Revisa los pies de los niños: las verrugas plantares tienen su pico entre los 10 y los 16 años.
Si aparece descamación, picor entre los dedos o una lesión rugosa y dolorosa en la planta, conviene acudir al podólogo o al dermatólogo: cuanto antes se traten, más fácil es resolverlas y evitar contagios en casa.
Talones agrietados y pies resecos: el otro problema del verano
El calzado abierto, el sol y la deshidratación hacen del verano la temporada alta de los talones agrietados. La piel del talón tiene pocas glándulas sebáceas, así que se reseca con facilidad; sumado a la presión irregular de la chancla, aparecen las grietas, que en casos avanzados pueden doler e incluso sangrar. La prevención es sencilla y barata: hidratación diaria con cremas específicas para pies (con urea, por ejemplo), exfoliación suave con piedra pómez sin obsesionarse, beber suficiente agua y usar calzado que sujete bien el talón. Si las grietas son profundas o no mejoran, una sesión de podología las resuelve y previene complicaciones, especialmente importante en personas con diabetes.
¿Cuánto rato se pueden llevar chanclas al día?
Es la pregunta que más se repite en las consultas de podología en verano, y la respuesta de los especialistas es matizada: no hay una cifra mágica de horas, pero sí un principio claro. Las chanclas están diseñadas para momentos y lugares concretos —la piscina, la playa, la ducha compartida, un trayecto corto hasta la hamaca—, no para caminar distancias, hacer recados por la ciudad o pasar una jornada de pie. El problema no es tanto el minuto suelto como el uso sostenido y repetido día tras día durante todo el verano, que es cuando la marcha alterada acumula sobrecargas. Un buen criterio práctico: si vas a andar más de diez o quince minutos seguidos, o vas a estar de pie un buen rato, cámbiate a un calzado con sujeción. Y si notas que al final del día te duelen los pies, las pantorrillas o la espalda, tu cuerpo te está diciendo que has abusado. Alternar varios pares de calzado a lo largo de la semana también ayuda a repartir las cargas y a que ningún grupo muscular trabaje siempre igual.
Señales de que tu calzado te está pasando factura
El pie avisa mucho antes de que el problema se cronifique. Conviene prestar atención a estas señales, que suelen aparecer o empeorar en verano con el cambio de calzado:
Dolor en el talón al dar los primeros pasos por la mañana: es el síntoma típico de la fascitis plantar.
Molestias en la zona del antepié o sensación de "andar sobre piedras" (metatarsalgia).
Rozaduras, ampollas o durezas recurrentes en los mismos puntos.
Dolor que sube a rodillas, caderas o zona lumbar sin causa aparente.
Dedos que se van curvando o que "agarran" involuntariamente al caminar.
Cansancio excesivo en los pies al final del día.
Ninguna de estas molestias es "normal" ni algo que haya que aguantar. La mayoría se resuelve con un cambio de calzado, unas plantillas adecuadas o un tratamiento podológico sencillo si se aborda pronto. El error es normalizar el dolor de pies como peaje inevitable del verano: no lo es.
Podología y seguro de salud: un detalle que pocos miran
Hay un dato práctico que sorprende a muchos: la Seguridad Social no cubre la podología con carácter general (salvo programas concretos de pie diabético en algunas comunidades). Cada quiropodia, estudio de la pisada o tratamiento de papiloma se paga de bolsillo... salvo que tengas un seguro de salud que lo incluya. Y la mayoría lo incluye: Adeslas contempla hasta 12 quiropodias al año, Sanitas 6 sin carencia, y DKV incluye podología e incluso cirugía de uña encarnada en sus pólizas con módulo de especialidades. A ello se suma el acceso directo a traumatología y dermatología sin listas de espera para todo lo que la chancla haya estropeado.
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Moraleja del verano: chanclas sí, pero en su sitio —la ducha de la piscina y poco más—. Para todo lo demás, una buena sandalia con sujeción, hidratación de talones y, si el pie protesta más de unos días, podólogo. Tus pies te llevan a todas partes; cuídalos como se merecen.
Preguntas frecuentes
¿Es malo usar chanclas todo el día?
Sí, como calzado habitual sí. Los colegios de podólogos advierten de que el uso continuado de chanclas —sin sujeción ni soporte del arco— provoca fascitis plantar, metatarsalgia, tendinitis, esguinces y dolores que ascienden a rodillas, caderas y zona lumbar. Están pensadas para trayectos cortos, la playa y la piscina, no para caminar distancias ni pasar el día entero con ellas.
¿Por qué las chanclas provocan fascitis plantar y dedos en garra?
Por dos mecanismos: la suela plana y sin soporte tensa la fascia plantar en cada paso, y como la chancla va suelta, los dedos se contraen para "agarrarla" continuamente. Los estudios biomecánicos (Universidad de Auburn) muestran pasos más cortos y una elevación anómala de los dedos; esa contracción repetida miles de veces al día acaba sobrecargando la fascia y deformando los dedos en garra o martillo.
¿Cuándo sí es recomendable usar chanclas?
En duchas públicas, vestuarios y bordes de piscina, donde los podólogos las recomiendan expresamente para prevenir contagios: el pie de atleta afecta al 12,6% de la población española y alrededor del 8% de los usuarios de piscinas lo contrae, y las verrugas plantares se transmiten en superficies húmedas compartidas. La regla: chanclas sobre suelo mojado compartido, y fuera para caminar.
¿Cómo debe ser una sandalia de verano saludable?
Con sujeción trasera (tira o contrafuerte en el talón), suela de 2-3 centímetros con amortiguación y antideslizante, plantilla anatómica con soporte del arco, ajuste regulable con hebillas o velcro y materiales transpirables como la piel. En sujeción, la jerarquía es: sandalia cerrada o con tiras, después alpargata y en último lugar la chancla de dedo.
¿Qué cuidados especiales necesita el pie diabético en verano?
La neuropatía diabética reduce la sensibilidad al calor y al dolor, así que una quemadura en la arena o el roce de una sandalia pueden pasar inadvertidos y ulcerarse. Los especialistas recomiendan no caminar nunca descalzo (tampoco en la playa), usar calzado cerrado o de suela gruesa que proteja el pie, revisar los pies a diario, hidratarlos y acudir al podólogo antes del verano.
¿La Seguridad Social cubre el podólogo?
Con carácter general no: la podología no está en la cartera común del SNS, salvo programas de pie diabético en algunas comunidades. En cambio, la mayoría de los seguros de salud privados la incluyen: Adeslas contempla hasta 12 quiropodias al año, Sanitas 6 sin carencia y DKV incluye podología y cirugía de uña encarnada. En Tu Póliza de Salud (910 05 92 97) te ayudamos a comparar estas coberturas gratis.
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