Día Mundial de la Relajación: descansar también es cuidarse

El 15 de agosto se celebra el Día Mundial de la Relajación, y los datos dicen que en España descansamos poco: el 59 % dice sufrir estrés y el 81,6 % de los trabajadores responde mensajes fuera de horario. Qué le hace el estrés crónico al cuerpo, los cuatro tipos de descanso, las técnicas de relajación con evidencia científica, cómo desconectar digitalmente y cuánto duran los beneficios de las vacaciones.

Mujer sentada en un embarcadero de madera frente a un lago, relajándose en silencio

Cada 15 de agosto se celebra el Día Mundial de la Relajación, una fecha que en España coincide con el corazón de las vacaciones y que, precisamente por eso, sirve para hacerse una pregunta incómoda: ¿de verdad descansamos? Los datos dicen que no demasiado. Según el Estudio Internacional de Salud Mental de AXA de 2025, el 59 % de la población española afirma sufrir estrés, y el Estudio de Bienestar y Salud Laboral en España 2026 de Edenred revela que el 81,6 % de los trabajadores atiende llamadas o mensajes de trabajo fuera de su horario; casi uno de cada cinco lo hace incluso en vacaciones. Relajarse no es un lujo ni una moda: es una necesidad fisiológica con efectos medibles sobre el corazón, el sueño, el sistema inmunitario y la salud mental. Te contamos por qué, qué técnicas tienen evidencia real y cómo convertir el descanso en un hábito que dure más allá de agosto.

Qué es el Día Mundial de la Relajación y de dónde viene

A diferencia de otras efemérides sanitarias, el Día Mundial de la Relajación no lo ha declarado la Organización Mundial de la Salud ni ningún organismo oficial. Su origen más citado es el National Relaxation Day estadounidense, que se celebra cada 15 de agosto desde 1985 y que nació, según cuenta la tradición, de la propuesta de Sean Moeller, un niño de nueve años de Michigan que reclamó un día dedicado a no hacer nada. La idea saltó al resto del mundo con internet y hoy se celebra en decenas de países como un recordatorio anual de que la vida acelerada tiene un coste.

Que la fecha caiga en pleno agosto no es casualidad afortunada: en España coincide con el festivo de la Asunción y con el mes de vacaciones por excelencia. Pero también con un momento en que muchas personas descubren que, aunque no trabajan, no consiguen desconectar: siguen mirando el correo, duermen mal, se irritan por nada. Ese es exactamente el problema que esta jornada quiere poner sobre la mesa.

El estrés en España, en cifras

Los datos más recientes dibujan un panorama preocupante, y coinciden desde fuentes muy distintas:

59 % de los españoles dice sufrir estrés, un 23 % ansiedad y un 48 % afirma tener estados de ánimo depresivos, según el Estudio Internacional de Salud Mental de AXA 2025, elaborado con 17.000 encuestas en 16 países. Entre los jóvenes de 18 a 24 años, el estrés declarado sube al 70 %.

64 % de los trabajadores experimenta estrés o altos niveles de estrés a diario en el trabajo, según el Barómetro del Talento 2026 de ManpowerGroup; la carga de trabajo, la presión y las jornadas largas o poco flexibles son las causas más citadas.

Uno de cada cuatro trabajadores ha estado de baja por estrés en algún momento de su carrera, según EAE Business School. Las bajas laborales por trastornos mentales se han duplicado en ocho años, de 283.912 en 2016 a más de 600.000 en 2023.

81,6 % responde a llamadas o mensajes de trabajo fuera de su jornada, frente al 65 % de 2025, según el estudio de Edenred de 2026. Un 19,7 % lo hace con frecuencia incluso en vacaciones y solo un 18,4 % logra desconectar del todo.

El absentismo laboral alcanzó el 7,2 % en el primer trimestre de 2026, el máximo de los últimos cinco años, con la salud mental como una de las causas de mayor crecimiento.

Las cifras sobre estrés declarado reflejan cómo se siente la gente, no diagnósticos clínicos, pero apuntan todas en la misma dirección: vivimos con el acelerador pisado y el cuerpo lo nota. Si dudas entre estrés puntual y algo más, en estrés vs. ansiedad: diferencias y cuándo preocuparse te ayudamos a distinguirlos.

Qué le hace el estrés a tu cuerpo

El estrés es, en origen, un mecanismo de supervivencia. Ante una amenaza, el sistema nervioso simpático libera adrenalina y cortisol: sube la frecuencia cardiaca y la tensión, se tensan los músculos, se agudiza la atención y se frenan funciones "prescindibles" como la digestión o la reparación celular. Es útil durante minutos. El problema es cuando la amenaza es un jefe, una hipoteca o 200 notificaciones al día y la respuesta se mantiene activada semanas y meses.

El estrés crónico se asocia con hipertensión, mayor riesgo de infarto e ictus, alteraciones del sueño, problemas digestivos (colon irritable, reflujo), dolor de cabeza y contracturas, brotes de dermatitis o psoriasis, caída de las defensas —más resfriados, herpes que reaparecen— y, a medio plazo, ansiedad y depresión. También empuja hacia hábitos que lo agravan: comer peor, fumar más, beber, dormir menos y moverse menos. Por eso relajarse no es un capricho: es interrumpir un círculo que, mantenido, enferma.

Descansar no es solo dormir: los cuatro tipos de descanso

Muchas personas llegan a las vacaciones convencidas de que con dormir diez horas se arreglará todo, y descubren que despiertan igual de cansadas. Ocurre porque el descanso tiene varias dimensiones, y cada una se recupera de forma distinta:

Descanso físico

El sueño es la pieza central —y conviene cuidarlo especialmente en verano, cuando el calor y los horarios lo desordenan; en dormir en verano: 10 trucos para conciliar el sueño lo explicamos—, pero también cuentan las pausas activas, los estiramientos y el movimiento suave que deshace la tensión muscular acumulada.

Descanso mental

El cerebro que salta de una tarea a otra durante diez horas necesita periodos sin exigencias: no resolver, no planificar, no decidir. Es lo que los psicólogos del trabajo llaman desapego psicológico: dejar de pensar en el trabajo, no solo de trabajar. Sin él, las vacaciones no reparan.

Descanso emocional y social

Poder ser uno mismo sin gestionar las emociones de los demás, y elegir compañías que recargan en lugar de agotar. A veces relajarse es, sencillamente, decir que no a un plan.

Descanso sensorial y digital

Pantallas, notificaciones, ruido y luz constante mantienen el sistema nervioso en alerta. Un rato al día sin móvil, en silencio o en la naturaleza, es descanso en el sentido más literal. Nuestro artículo sobre el insomnio tecnológico explica cómo las pantallas arruinan el sueño.

Técnicas de relajación que funcionan (con evidencia)

No todo lo que se vende como relajante lo es, pero varias técnicas sencillas cuentan con décadas de investigación detrás. Todas comparten un mecanismo: activan el sistema nervioso parasimpático, el freno natural del cuerpo, y reducen la actividad del simpático y los niveles de cortisol.

1. Respiración diafragmática lenta

Es la técnica más accesible y de las mejor estudiadas. Consiste en respirar con el abdomen, de forma lenta y profunda, a un ritmo de unas 5-6 respiraciones por minuto: inspirar por la nariz en 4 segundos notando cómo se hincha el vientre, y espirar despacio en 6 durante 5-10 minutos. Los estudios muestran que quienes practican respiración controlada de forma regular presentan reducciones significativas del cortisol —entre un 15 % y un 25 % en los niveles basales, según algunos metaanálisis— y menos afecto negativo que los grupos de control. Se puede hacer en cualquier sitio: en la cama, en el coche parado, antes de una reunión.

2. Relajación muscular progresiva de Jacobson

Desarrollada por el médico Edmund Jacobson en 1938, consiste en tensar durante 5 segundos y soltar durante 15-20 cada grupo muscular, de los pies a la cara, prestando atención al contraste. Enseña a reconocer la tensión que acumulamos sin darnos cuenta y a liberarla a voluntad. Tiene evidencia sólida en trastorno de ansiedad generalizada, insomnio, cefalea tensional, dolor crónico e hipertensión leve, y forma parte de los programas de terapia cognitivo-conductual. Una sesión completa dura 15-20 minutos; con práctica se abrevia a unos pocos grupos musculares.

3. Mindfulness y escaneo corporal

Los programas de reducción del estrés basados en la atención plena (MBSR) han demostrado en numerosos ensayos reducir el estrés percibido, la ansiedad y los síntomas depresivos leves. No hace falta retirarse a un monasterio: 10 minutos al día de atención a la respiración o un escaneo corporal antes de dormir bastan para empezar. En mindfulness: ejercicios para empezar a meditar tienes una guía práctica, y en la micromeditación, versiones de uno o dos minutos para días imposibles.

4. Naturaleza: la "píldora verde"

Pasar tiempo en entornos naturales reduce el cortisol de forma medible. Un estudio de la Universidad de Michigan publicado en 2019 encontró que entre 20 y 30 minutos en contacto con la naturaleza —sin móvil— producían la mayor caída de cortisol por minuto invertido. Un paseo por un parque, la playa a primera hora o cuidar unas plantas cuentan: en jardinería y salud mental explicamos por qué.

5. Siesta corta y pausas

Una siesta de 20-30 minutos a primera hora de la tarde mejora el estado de ánimo, la atención y la memoria sin interferir con el sueño nocturno; más larga, produce inercia y puede dificultar dormir por la noche. Y durante la jornada, pausas de 5 minutos cada hora para levantarse, estirar y mirar lejos rinden más que aguantar sin parar.

6. Ejercicio suave y actividades absorbentes

Caminar, nadar, yoga, bailar: el ejercicio moderado es uno de los ansiolíticos naturales más potentes. Y cualquier actividad que absorba la atención —cocinar, pintar, un puzle, tocar un instrumento— produce el estado de "flujo" que apaga la rumiación. Una infusión sin cafeína al final del día tampoco sobra: repasamos las mejores en infusiones relajantes contra el estrés y la ansiedad.

Desconexión digital: un derecho que casi nadie ejerce

El derecho a la desconexión digital está reconocido en España desde 2018, en el artículo 88 de la Ley Orgánica de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales. Sobre el papel, ningún trabajador está obligado a atender comunicaciones fuera de su jornada ni durante sus vacaciones. En la práctica, dos de cada tres tienen instalados en su móvil personal el correo o la mensajería corporativa, y el 81,6 % responde. Como resume Olga Zografou, responsable de personas de Edenred, "la desconexión digital no puede depender únicamente de la voluntad individual": hacen falta normas claras y líderes que las cumplan.

Mientras esa cultura llega, hay medidas individuales que funcionan:

Antes de irte: deja las tareas cerradas o delegadas por escrito, con un responsable claro para cada asunto, y una respuesta automática que indique la fecha de vuelta y a quién acudir.

Elimina o silencia las apps de trabajo del móvil durante las vacaciones. Si es imprescindible estar localizable, fija una franja concreta (por ejemplo, 15 minutos a media mañana) y respétala.

Modo "no molestar" y notificaciones fuera también para las redes sociales: el descanso digital no es solo laboral.

Acuerda las reglas con tu equipo y respétalas tú también: no escribas a un compañero de vacaciones "por si acaso".

Las vacaciones como medicina: qué dice la ciencia

Los estudios longitudinales y los metaanálisis coinciden: unos días de desconexión real reducen el estrés percibido, atenúan el agotamiento y mejoran parámetros fisiológicos como la tensión arterial, la fatiga y el estado de ánimo. Tomarse vacaciones con regularidad se asocia con menor riesgo de enfermedad coronaria y, en algunos trabajos, con mayor longevidad. En el estudio finlandés Helsinki Businessmen Study, que siguió a más de 1.200 directivos durante 40 años, los hombres del grupo de intervención que tomaban tres semanas o menos de vacaciones al año tuvieron un 37 % más de mortalidad que los que descansaban más, un hallazgo que sus autores atribuyen a que el estrés no compensado anula los beneficios de cuidarse en todo lo demás.

La mala noticia es que el efecto reparador de las vacaciones se desvanece rápido: la mayoría de las investigaciones sitúa su duración en tres o cuatro semanas. De ahí dos conclusiones prácticas. Primera: repartir el descanso a lo largo del año —varios periodos cortos— es más eficaz que concentrar un mes seguido. Segunda: lo que mantiene el efecto es trasladar hábitos de las vacaciones a la rutina: el paseo diario, la comida sin pantallas, la hora de acostarse, el rato de lectura. Cómo hacer esa transición sin que se te caiga el mundo encima lo explicamos en síndrome postvacacional: síntomas y 7 claves y en vacaciones y salud mental: claves para desconectar.

Un plan realista para el 15 de agosto (y para cualquier día)

No hace falta un retiro ni un balneario. Un día de relajación bien aprovechado puede parecerse a esto:

Mañana: despertar sin alarma; cinco minutos de respiración diafragmática antes de levantarte; desayuno sin móvil; un paseo de media hora por un parque o la playa a primera hora, cuando aún no aprieta el calor.

Mediodía: comida tranquila, masticando despacio; siesta de 20 minutos; nada de pantallas hasta media tarde.

Tarde: una actividad que te absorba (cocinar, leer, un baño en el mar, un juego de mesa); una sesión de relajación muscular progresiva o un escaneo corporal de 15 minutos.

Noche: cena ligera, luces bajas, móvil fuera del dormitorio y a la cama a la misma hora que el resto de la semana. El sueño es el descanso que ninguna técnica sustituye: en higiene del sueño: guía para dormir mejor sin pastillas tienes la rutina completa.

Y una regla de oro: elige una de estas cosas y hazla también el 16, el 17 y en septiembre. El Día Mundial de la Relajación es un recordatorio, no un tratamiento.

Cuándo el estrés necesita ayuda profesional

Relajarse resuelve el estrés cotidiano, pero no todo. Conviene consultar con el médico de familia o con un psicólogo si aparecen: insomnio persistente durante más de tres semanas, ataques de pánico o palpitaciones, síntomas físicos sin causa (dolor torácico, mareos, molestias digestivas continuas), irritabilidad o tristeza que interfieren con el trabajo o la familia, aumento del consumo de alcohol, tabaco o fármacos para "aguantar", o la sensación de no disfrutar de nada. Esos son signos de que el estrés ha dejado de ser adaptativo, y cuanto antes se aborda, más sencilla es la recuperación. En cómo calmar la ansiedad: 8 técnicas rápidas encontrarás recursos para los momentos agudos, pero no sustituyen una valoración profesional.

Descansar mejor también es sentirse protegido

Parte del estrés que arrastramos tiene que ver con la incertidumbre sobre la salud: la revisión que no llega, la prueba que tarda meses, la duda de a quién llamar cuando un hijo se pone enfermo un domingo de agosto. Un seguro de salud reduce exactamente esa incertidumbre: acceso al especialista en días, pruebas diagnósticas sin listas de espera, videoconsulta médica 24 horas y, cada vez en más pólizas, sesiones de psicología incluidas o con precios reducidos, además de programas de bienestar, chequeos preventivos y cobertura en toda España durante las vacaciones. Saber que, si algo pasa, la respuesta será rápida es una forma muy concreta de relajarse.

En Tu Póliza de Salud (Zemma Brokers, correduría de seguros independiente inscrita en la DGSFP con la clave J3368) comparamos gratis las pólizas de Adeslas, Sanitas, Asisa, DKV, Mapfre y otras aseguradoras, y te explicamos con claridad qué cubre cada una —coberturas, carencias, copagos y servicios de salud mental— para que elijas con criterio. Usa el comparador de seguros de salud, haz el test "¿Qué seguro necesitas?" o llámanos al 910 05 92 97.

Porque descansar es importante, pero descansar de verdad —con el cuerpo, con la cabeza y con la tranquilidad de sentirse cubierto— es cuidarse. Este 15 de agosto, y todos los días que vengan después, date permiso para parar.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se celebra el Día Mundial de la Relajación y por qué?

Se celebra cada 15 de agosto. No lo ha declarado ningún organismo oficial: su origen más citado es el National Relaxation Day estadounidense, que se conmemora desde 1985 a propuesta de Sean Moeller, un niño de nueve años de Michigan. La fecha recuerda que el estrés crónico se relaciona con hipertensión, enfermedades cardiacas, insomnio, problemas digestivos y trastornos de ansiedad y depresión, y que descansar es parte del cuidado de la salud.

¿Cuántas personas sufren estrés en España?

Según el Estudio Internacional de Salud Mental de AXA 2025, el 59 % de la población española dice sufrir estrés y el 23 % ansiedad; entre los jóvenes de 18 a 24 años el estrés declarado llega al 70 %. En el ámbito laboral, el Barómetro del Talento 2026 de ManpowerGroup indica que el 64 % de los trabajadores experimenta estrés a diario, y las bajas por trastornos mentales se han duplicado desde 2016 hasta superar las 600.000 en 2023.

¿Qué técnicas de relajación tienen evidencia científica?

Las mejor estudiadas son la respiración diafragmática lenta (5-6 respiraciones por minuto, que reduce el cortisol de forma medible), la relajación muscular progresiva de Jacobson (tensar y soltar grupos musculares, con evidencia en ansiedad, insomnio y cefalea tensional), los programas de mindfulness y escaneo corporal, el contacto con la naturaleza durante 20-30 minutos, la siesta corta de 20-30 minutos y el ejercicio físico moderado.

¿Cuánto duran los beneficios de las vacaciones?

La mayoría de los estudios sitúa el efecto reparador de las vacaciones sobre el estrés, el ánimo y la fatiga en unas tres o cuatro semanas, tras las cuales se desvanece. Por eso es más eficaz repartir el descanso en varios periodos a lo largo del año que concentrarlo en un solo mes, y trasladar a la rutina hábitos de vacaciones como el paseo diario, las comidas sin pantallas o un horario de sueño regular.

¿Tengo derecho a no responder mensajes de trabajo en vacaciones?

Sí. El derecho a la desconexión digital está reconocido en el artículo 88 de la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos y Garantía de los Derechos Digitales: ningún trabajador está obligado a atender comunicaciones laborales fuera de su jornada ni durante sus vacaciones. Aun así, según el estudio de Edenred de 2026, el 81,6 % de los trabajadores españoles responde fuera de horario y casi uno de cada cinco lo hace incluso en vacaciones.

¿Cuándo debo consultar a un profesional por estrés?

Cuando el estrés deja de ser puntual e interfiere con la vida diaria: insomnio que dura más de tres semanas, ataques de pánico o palpitaciones, síntomas físicos sin causa aparente, irritabilidad o tristeza persistentes, aumento del consumo de alcohol, tabaco o fármacos para aguantar, o incapacidad para disfrutar de nada. El médico de familia o un psicólogo pueden valorar el caso; muchos seguros de salud incluyen sesiones de psicología.

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