En octubre de 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó por primera vez en su historia una lista de patógenos fúngicos prioritarios, un documento que marca un antes y un después en la percepción de las infecciones causadas por hongos. Esta lista, que clasifica a los hongos más peligrosos para la salud humana en tres niveles de prioridad (crítica, alta y media), responde a una realidad alarmante: las infecciones fúngicas invasivas causan más de 1,5 millones de muertes al año en todo el mundo, una cifra comparable a la de la tuberculosis o la malaria, y sin embargo reciben una fracción mínima de la atención, la investigación y la financiación que se destinan a otras enfermedades infecciosas. En este artículo analizamos los hongos que la OMS considera más peligrosos, por qué representan una amenaza creciente y qué puede hacerse para combatirlos.
Por qué las infecciones fúngicas son una amenaza creciente
Varios factores explican el aumento de las infecciones fúngicas graves en las últimas décadas:
- Incremento de la población inmunodeprimida: los avances en medicina han permitido que sobrevivan más pacientes con VIH/SIDA, trasplantados de órganos, pacientes oncológicos en quimioterapia y personas con enfermedades autoinmunes tratadas con inmunosupresores. Estos pacientes son especialmente vulnerables a las infecciones fúngicas oportunistas.
- Resistencia a los antifúngicos: al igual que las bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos, los hongos están desarrollando resistencia a los fármacos antifúngicos disponibles. El problema es que el arsenal terapéutico contra los hongos es muy limitado: solo existen cuatro clases de antifúngicos sistémicos (azoles, equinocandinas, polienos y flucitosina), frente a las decenas de clases de antibióticos disponibles.
- Cambio climático: el calentamiento global está ampliando el rango geográfico de hongos patógenos que antes se limitaban a regiones tropicales. Además, la adaptación de los hongos a temperaturas más altas facilita su capacidad para infectar al ser humano, cuya temperatura corporal (37 °C) constituía una barrera natural.
- Uso de fungicidas agrícolas: los fungicidas azólicos utilizados masivamente en la agricultura comparten la misma diana molecular que los antifúngicos médicos. La exposición ambiental de los hongos a estos compuestos selecciona cepas resistentes que luego causan infecciones refractarias al tratamiento en humanos.
- Infradiagnóstico: las infecciones fúngicas requieren técnicas diagnósticas específicas que no están disponibles en muchos sistemas sanitarios, especialmente en países de renta baja. Muchas muertes por hongos se atribuyen erróneamente a otras causas.
Grupo de prioridad crítica
La OMS identifica cuatro hongos en el nivel de prioridad más alto:
Candida auris
Candida auris es un hongo emergente descrito por primera vez en 2009 en Japón que se ha convertido en una de las mayores amenazas nosocomiales del siglo XXI. Sus características más preocupantes son:
- Multirresistencia: muchas cepas son resistentes a las tres principales clases de antifúngicos (azoles, equinocandinas y anfotericina B), lo que limita drásticamente las opciones de tratamiento.
- Persistencia ambiental: puede sobrevivir durante semanas en superficies hospitalarias, lo que facilita brotes nosocomiales difíciles de controlar.
- Dificultad diagnóstica: los métodos de identificación convencionales lo confunden con otras especies de Candida, retrasando el diagnóstico y el tratamiento adecuado.
- Mortalidad elevada: la tasa de mortalidad en infecciones invasivas por C. auris oscila entre el 30 y el 60 %.
Aspergillus fumigatus resistente a azoles
Aspergillus fumigatus es el agente causal de la aspergilosis invasiva, una infección pulmonar devastadora en pacientes inmunodeprimidos. La emergencia de cepas resistentes a los azoles (el tratamiento de primera línea) es alarmante, y se vincula en gran medida al uso de fungicidas azólicos en la agricultura. La mortalidad de la aspergilosis invasiva por cepas resistentes puede superar el 80 %.
Cryptococcus neoformans
Cryptococcus neoformans causa meningitis criptocócica, la principal causa de meningitis en personas con VIH/SIDA en África subsahariana. Provoca aproximadamente 180 000 muertes al año, la mayoría en contextos donde el acceso a los antifúngicos es limitado. La infección se adquiere por inhalación de esporas presentes en el suelo contaminado con excrementos de palomas.
Candida albicans
Aunque Candida albicans forma parte de la flora normal de la piel y las mucosas, es la causa más frecuente de candidiasis invasiva (candidemia), especialmente en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos con catéteres vasculares, nutrición parenteral o tratamiento antibiótico prolongado. La candidemia tiene una mortalidad atribuible del 40 %.
Grupo de prioridad alta
En el segundo nivel de prioridad, la OMS incluye hongos como:
- Nakaseomyces glabrata (anteriormente Candida glabrata): segunda causa de candidemia en muchos países, con resistencia intrínseca a fluconazol y resistencia adquirida creciente a equinocandinas.
- Histoplasma spp.: causa histoplasmosis, una infección pulmonar endémica en América y partes de África y Asia, con elevada mortalidad en pacientes con VIH.
- Mucorales (Rhizopus, Mucor, Lichtheimia): agentes de la mucormicosis (antes llamada zigomicosis), una infección invasiva de los senos paranasales, los pulmones y el cerebro con una mortalidad que puede superar el 50 %. La pandemia de COVID-19 provocó una epidemia de mucormicosis en India, asociada al uso masivo de corticoides y a la diabetes mal controlada.
- Fusarium spp.: causa infecciones diseminadas en pacientes con neutropenia severa, con resistencia intrínseca a la mayoría de antifúngicos.
- Candida tropicalis: especialmente prevalente en Asia y América Latina, con tendencia creciente a la resistencia a azoles.
Grupo de prioridad media
Incluye hongos como Candida parapsilosis, Scedosporium, Coccidioides, Pichia kudriavzevii, Talaromyces marneffei y Pneumocystis jirovecii, este último responsable de la neumonía por Pneumocystis en pacientes con VIH avanzado y otros estados de inmunodepresión severa.
Quiénes tienen mayor riesgo
Las infecciones fúngicas invasivas afectan predominantemente a personas con el sistema inmunitario debilitado:
- Pacientes con VIH/SIDA con recuentos bajos de linfocitos CD4.
- Receptores de trasplantes de órganos sólidos o de médula ósea.
- Pacientes en tratamiento con quimioterapia, especialmente con neutropenia prolongada.
- Personas tratadas con corticoides de forma prolongada o con otros inmunosupresores.
- Pacientes ingresados en UCI con catéteres vasculares y ventilación mecánica.
- Personas con diabetes mellitus mal controlada.
- Pacientes con enfermedades pulmonares crónicas (EPOC, fibrosis quística, tuberculosis).
Cómo protegerse
Aunque las infecciones fúngicas invasivas no pueden prevenirse completamente, existen medidas que reducen el riesgo:
- Mantener el sistema inmunitario fuerte: una alimentación equilibrada, ejercicio regular, sueño suficiente y gestión del estrés contribuyen a una función inmunitaria óptima.
- Control de enfermedades crónicas: mantener la diabetes bien controlada, seguir las pautas de tratamiento antirretroviral en VIH y cumplir con la medicación inmunosupresora según la prescripción.
- Profilaxis antifúngica: en pacientes de alto riesgo (trasplantados, pacientes con neutropenia prolongada), los médicos prescriben antifúngicos preventivos.
- Higiene hospitalaria: la limpieza rigurosa de superficies, el uso adecuado de catéteres y la reducción de la estancia en UCI disminuyen el riesgo de infecciones fúngicas nosocomiales.
- Evitar la automedicación con antibióticos: los antibióticos alteran la microbiota y favorecen el sobrecrecimiento de hongos como Candida.
Retos y futuro
La lista de la OMS es un llamamiento a la acción. Los principales retos incluyen la inversión en investigación de nuevos antifúngicos, el desarrollo de pruebas diagnósticas rápidas y asequibles, la regulación del uso de fungicidas agrícolas, la formación de profesionales sanitarios en micología clínica y la inclusión de las infecciones fúngicas en los programas de vigilancia epidemiológica a nivel mundial.
Conclusión
Las infecciones fúngicas son una amenaza silenciosa que causa millones de enfermedades y más de un millón y medio de muertes al año. La lista de patógenos fúngicos prioritarios de la OMS ha puesto nombre y rostro a los hongos más peligrosos y ha lanzado un mensaje claro: es necesario actuar con urgencia para mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de estas infecciones. Para la población general, mantener un sistema inmunitario fuerte, controlar las enfermedades crónicas y evitar la automedicación con antibióticos son las mejores estrategias de protección. Ante cualquier sospecha de infección, la consulta médica temprana puede salvar vidas.
Preguntas frecuentes
¿Qué hongos son los más peligrosos para la salud humana?
Según la OMS, los hongos más peligrosos incluyen Cándida albicans, Cándida auris y Cryptococcus neoformans. Son especialmente riesgosos por su resistencia a tratamientos antifúngicos y por causar infecciones graves en personas con sistemas inmunitarios debilitados.
¿Por qué Cándida auris es tan preocupante para la salud pública?
Cándida auris es altamente resistente a tratamientos antifúngicos, difícil de diagnosticar con métodos tradicionales y puede causar brotes en hospitales. Afecta principalmente a personas con sistemas inmunitarios débiles y requiere combinaciones de medicamentos para tratarla.
¿Cómo se contrae Cryptococcus neoformans y quiénes están en mayor riesgo?
Este hongo se encuentra en el suelo y en las heces de aves, y se contrae al inhalar sus esporas. Las personas con VIH o sistemas inmunitarios comprometidos corren un mayor riesgo de desarrollar criptococosis, una infección grave que puede afectar el cerebro y ser mortal si no se trata a tiempo.
¿Es posible prevenir infecciones por hongos peligrosos?
Sí, la prevención incluye medidas de higiene rigurosa, especialmente en hospitales, control de infecciones y diagnóstico temprano. Las personas con sistemas inmunitarios debilitados deben tomar precauciones adicionales para evitar exposición a ambientes contaminados.
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