El verano no da tregua al corazón. Solo en junio de 2026, el sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III atribuyó cerca de 900 muertes al exceso de temperatura en España, la mayoría por descompensación de enfermedades previas —muchas de ellas cardiovasculares—. El calor obliga al corazón a trabajar más para regular la temperatura corporal, y eso convierte a los meses estivales en un periodo de riesgo para hipertensos, cardiópatas y mayores de 65 años. La buena noticia: con unos pocos ajustes de hábitos, hidratación y medicación, el verano puede seguir siendo la mejor época del año. Te contamos cómo, con las recomendaciones de la Fundación Española del Corazón (FEC).
Cómo afecta el calor a tu corazón
Cuando la temperatura sube, el organismo pone en marcha dos mecanismos para disipar calor: la vasodilatación (las arterias se ensanchan para llevar más sangre a la piel) y la sudoración. Ambos tienen coste cardiovascular: la tensión arterial baja, se pierden líquidos y sales, y la sangre se concentra —lo que la FEC describe como una hemoconcentración que favorece los fenómenos tromboembólicos—. Para compensarlo, el corazón late más rápido y con más esfuerzo.
En una persona sana ese sobreesfuerzo pasa desapercibido. En quien tiene insuficiencia cardiaca, arritmias o cardiopatía isquémica, puede ser la gota que colma el vaso. Las olas de calor —y especialmente las noches tropicales, en las que el termómetro no baja de 25 °C y el cuerpo no logra recuperarse— se asocian a más descompensaciones de insuficiencia cardiaca, arritmias y eventos trombóticos, sobre todo en mayores. Los datos españoles del verano 2025 son elocuentes: 3.832 muertes atribuibles al calor, el 96% en mayores de 65 años.
La primera causa de muerte en España sigue siendo cardiovascular
Conviene recordar el contexto: según el INE, las enfermedades del sistema circulatorio causaron en 2024 más de 113.000 muertes en España (el 26% del total), y la cardiopatía isquémica fue la primera causa de muerte individual, con casi 27.000 fallecimientos, seguida de las enfermedades cerebrovasculares y la insuficiencia cardiaca. La hipertensión afecta a más del 40% de los adultos —y aproximadamente la mitad no lo sabe—. El verano no es el momento de bajar la guardia, sino de adaptar los cuidados al calor.
Los consejos de los cardiólogos para el verano
Hidratación: la primera línea de defensa
La FEC recomienda beber al menos 1,5 litros de agua al día —más si hace mucho calor o se hace ejercicio—, sin esperar a tener sed, y evitar el alcohol, que deshidrata y altera la termorregulación. Las bebidas azucaradas y carbonatadas tampoco ayudan. La fruta de temporada (sandía, melón) es una aliada excelente: hidrata y aporta potasio.
Vigila la tensión: en verano suele bajar
El calor es un antihipertensivo natural. Por eso la FEC aconseja a las personas hipertensas medirse la tensión al menos dos veces por semana en verano y consultar al médico si aparecen mareos, cansancio inusual o cifras sistólicas por debajo de 100 mmHg: puede ser necesario ajustar temporalmente la medicación. Nunca la modifiques por tu cuenta.
Medicación y calor: atención a diuréticos y vasodilatadores
Quienes toman diuréticos pierden más líquido del habitual y tienen mayor riesgo de deshidratación e hipotensión en olas de calor; los vasodilatadores y algunos antihipertensivos amplifican el efecto del calor sobre la tensión. Si estás en tratamiento cardiovascular, pide a tu médico que revise las dosis ante episodios de calor intenso, y guarda la medicación protegida del calor (muchos fármacos se degradan por encima de 25-30 °C).
Horarios y comidas
Evita la exposición al sol y cualquier esfuerzo físico en las horas centrales del día (de 12:00 a 16:00). Opta por comidas ligeras y frecuentes, con base de dieta mediterránea: verdura, fruta, pescado y aceite de oliva. Las digestiones pesadas suman trabajo cardiovascular al que ya impone el calor.
Ejercicio en verano: sí, pero con cabeza
El ejercicio regular sigue siendo el mejor cardioprotector que existe, también en verano. Las claves para practicarlo con seguridad:
Elige bien la hora: primera hora de la mañana o última de la tarde, nunca bajo el sol del mediodía.
La natación es ideal: para la FEC es uno de los deportes más recomendables en pacientes cardiovasculares, porque el pulso y la tensión suben de forma gradual.
Hidrátate antes, durante y después del ejercicio, aunque no tengas sed.
Progresa poco a poco: si llevas meses parado, no empieces con una carrera de 10 km en julio.
Escucha las señales de stop: dolor en el pecho, falta de aire desproporcionada, mareo o palpitaciones obligan a parar y consultar.
Chequeo previo si tienes factores de riesgo (hipertensión, colesterol, diabetes, tabaquismo o antecedentes familiares de muerte súbita).
Viajes y corazón: prepara las vacaciones
La cardiopatía es la principal causa de muerte del viajero internacional, y no por mala suerte: cambios de horario, esfuerzos inhabituales, calor y olvidos de medicación forman un cóctel evitable. Si tienes una cardiopatía o factores de riesgo importantes:
- Lleva un informe médico actualizado con diagnósticos, tratamiento y alergias, además de medicación para todos los días del viaje (y algo de margen).
- En vuelos o trayectos largos, levántate y camina cada dos horas para reducir el riesgo de trombosis; bebe agua y evita alcohol y cafeína.
- Consulta antes de viajar a destinos de altitud superior a 2.000 metros: hay menos oxígeno y el corazón trabaja más.
- Comprueba qué cobertura sanitaria tendrás en destino; un buen seguro de salud o de viaje evita sustos logísticos además de médicos.
Los factores de riesgo que sí puedes controlar
Buena parte del riesgo cardiovascular está en nuestras manos. El verano, con más tiempo libre y mejor disponibilidad de alimentos frescos, es un momento ideal para trabajar sobre los factores modificables:
Tensión arterial: afecta a más del 40% de los adultos y la mitad no lo sabe. Medírsela es gratis y rápido.
Colesterol y glucosa: una analítica anual detecta a tiempo alteraciones silenciosas.
Tabaco: el factor de riesgo cardiovascular evitable más importante; dejarlo reduce a la mitad el riesgo de infarto en un año.
Peso y perímetro abdominal: la grasa visceral es especialmente dañina para el corazón.
Sedentarismo: el ejercicio regular es tan potente como muchos fármacos preventivos.
Alcohol: más allá de la deshidratación estival, es un tóxico cardiovascular directo.
El corazón de la mujer: un riesgo infravalorado
Persiste el mito de que la enfermedad cardiovascular es "cosa de hombres", y es un error peligroso: las enfermedades del corazón son también una de las primeras causas de muerte en la mujer en España. El problema añadido es que en las mujeres el infarto se presenta con más frecuencia con síntomas atípicos —fatiga intensa, falta de aire, malestar en la parte alta del abdomen, dolor en la mandíbula o la espalda, náuseas— en lugar del clásico dolor opresivo en el pecho. Esa presentación diferente hace que muchas mujeres tarden más en consultar y en recibir diagnóstico. A partir de la menopausia, además, el riesgo cardiovascular femenino aumenta al perderse el efecto protector de los estrógenos. Conclusión: ninguna mujer debería restar importancia a estos síntomas ni descartar el origen cardíaco por edad o sexo.
Síntomas que no debes atribuir "al calor"
El error típico del verano es achacar al calor síntomas que son cardiovasculares. Busca atención médica urgente ante:
- Dolor u opresión en el pecho, con o sin irradiación al brazo izquierdo, mandíbula o espalda.
- Falta de aire en reposo o desproporcionada para el esfuerzo.
- Síncope (pérdida de conocimiento) o sensación de desmayo inminente.
- Palpitaciones sostenidas o pulso muy irregular.
- Sudor frío con náuseas, o hinchazón rápida de piernas y aumento brusco de peso (posible descompensación de insuficiencia cardiaca).
Un mareo puede ser solo calor e hipotensión leve... o una arritmia. Si se repite, no lo dejes pasar: la valoración médica es la única forma de distinguirlo.
Las noches tropicales: el enemigo silencioso
Uno de los hallazgos más consistentes de los últimos años es que buena parte del daño cardiovascular del calor no ocurre a mediodía, sino de noche. Cuando la temperatura no baja de 25 °C durante la madrugada —las llamadas "noches tropicales", cada vez más frecuentes en España—, el organismo no consigue recuperarse del estrés térmico acumulado durante el día. El resultado es un sueño fragmentado, una frecuencia cardiaca más alta en reposo y una sobrecarga continua para el corazón, especialmente peligrosa en personas con insuficiencia cardiaca o arritmias. Para dormir mejor en olas de calor: ventilar la vivienda de madrugada y primera hora, bajar persianas durante el día, usar ropa de cama ligera, una ducha templada (no fría) antes de acostarse, y mantener la hidratación también por la noche. Si duermes con aire acondicionado, una temperatura de 24-26 °C es suficiente y más saludable que enfriar en exceso.
El kit del verano cardiosaludable
Botella de agua siempre a mano; beber sin esperar a la sed.
Tensiómetro en casa si eres hipertenso; anota las lecturas para tu médico.
Medicación protegida del calor y con margen suficiente para todo el viaje.
Informe médico actualizado si tienes cardiopatía, sobre todo al viajar.
Gorra, ropa clara y protector solar para las salidas al exterior.
Teléfonos de emergencia y ubicación del centro médico más cercano en destino.
El chequeo cardiológico: la mejor inversión antes del verano
Un chequeo cardiológico básico —consulta con historia familiar, electrocardiograma, ecocardiograma y, si procede, prueba de esfuerzo— detecta la mayoría de los problemas relevantes antes de que den síntomas. Está especialmente indicado a partir de los 40-50 años, al retomar el deporte y siempre que existan factores de riesgo.
El acceso marca la diferencia: la sanidad pública cerró 2025 con una demora media de 102 días para consultas externas y el 61,5% de las citas a más de 60 días, según el Ministerio de Sanidad. Con un seguro de salud privado, el mismo chequeo suele resolverse en días o pocas semanas, con acceso directo al cardiólogo y a las pruebas (ECG, ergometría, ecocardiograma, Holter) en aseguradoras como Adeslas, Sanitas, DKV, Asisa o Mapfre.
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Este verano, cuida tu corazón como él te cuida a ti los 365 días del año: agua, sombra en las horas centrales, ejercicio inteligente, medicación revisada y cero excusas con las señales de alarma.
Preguntas frecuentes
¿Cómo afecta el calor al corazón?
El calor obliga al organismo a vasodilatar las arterias y sudar para disipar temperatura: baja la tensión, se pierden líquidos y sales y la sangre se concentra, lo que favorece los fenómenos tromboembólicos según la Fundación Española del Corazón. El corazón compensa latiendo más rápido y con más esfuerzo, algo relevante en cardiópatas, hipertensos y mayores de 65 años, sobre todo durante olas de calor con noches tropicales.
¿Por qué baja la tensión arterial en verano?
El calor actúa como un vasodilatador natural, así que las cifras de tensión suelen ser más bajas que en invierno. La FEC recomienda a los hipertensos medirse la tensión al menos dos veces por semana en verano y consultar al médico si hay mareos, cansancio o sistólicas por debajo de 100 mmHg, porque puede ser necesario ajustar temporalmente la medicación. Nunca hay que modificarla por cuenta propia.
¿Qué precauciones deben tomar quienes toman diuréticos con el calor?
Los diuréticos aumentan la pérdida de líquidos, por lo que en olas de calor elevan el riesgo de deshidratación e hipotensión. Conviene extremar la hidratación, vigilar mareos y pedir al médico una revisión de la pauta durante los episodios de calor intenso. Además, la medicación debe conservarse protegida del calor, ya que muchos fármacos se degradan por encima de 25-30 °C.
¿Qué ejercicio es mejor para el corazón en verano?
La natación es uno de los más recomendados por la Fundación Española del Corazón, porque eleva el pulso y la tensión de forma gradual. En general vale cualquier ejercicio aeróbico practicado a primera hora de la mañana o al atardecer, con hidratación constante y progresión gradual. Ante dolor torácico, falta de aire desproporcionada, mareo o palpitaciones hay que parar y consultar.
¿Qué síntomas no hay que confundir con "cosas del calor"?
Dolor u opresión en el pecho, falta de aire en reposo, pérdida de conocimiento, palpitaciones sostenidas, sudor frío con náuseas e hinchazón brusca de las piernas requieren valoración médica urgente. El calor puede causar mareos por hipotensión leve, pero si el síntoma es intenso o se repite, la única forma segura de distinguirlo de una arritmia o una angina es que lo valore un médico.
¿Qué incluye un chequeo cardiológico y quién debería hacérselo?
Un chequeo básico incluye consulta con historia clínica y familiar, electrocardiograma y ecocardiograma, y según el caso prueba de esfuerzo o Holter. Se recomienda a partir de los 40-50 años, al retomar el deporte y con factores de riesgo (hipertensión, colesterol, diabetes, tabaco, antecedentes familiares). Con seguro privado se resuelve en días; en Tu Póliza de Salud (910 05 92 97) te ayudamos a comparar pólizas gratis.
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