El verano encara su recta final: las piscinas municipales cierran la temporada, las playas se vacían poco a poco y el cuerpo empieza a pasar factura de dos meses de baños, sol, cloro, sal, aire acondicionado y conciertos. Dos de los órganos que más sufren en silencio son los ojos y los oídos: la otitis del nadador, las infecciones oculares por bañarse con lentillas, el ojo seco o las conjuntivitis de piscina se concentran en estas semanas y, si no se atienden, se arrastran hasta septiembre. En una clínica oftalmológica madrileña, las consultas por infecciones asociadas al agua se multiplican por cuatro de invierno a verano. Esta guía repasa los riesgos de final de temporada, cómo prevenirlos, cómo reconocer los síntomas que no pueden esperar y qué revisiones conviene hacer antes de la vuelta a la rutina.
Por qué el final del verano pasa factura a ojos y oídos
No es que agosto sea más peligroso que julio; es que los daños se acumulan. Cada baño deja el conducto auditivo húmedo un poco más de tiempo; cada tarde de piscina sin gafas de natación irrita un poco más la superficie del ojo; cada día de sol sin protección adecuada suma radiación ultravioleta a la cuenta de la córnea y el cristalino. A eso se añaden el aire acondicionado, que reseca la lágrima; el viento y la arena de la playa; el agua de mar, de río o de pantano, con más microorganismos que la de la piscina; y el ruido de fiestas y conciertos. A finales de agosto, la piel del conducto auditivo y la superficie ocular han perdido parte de sus defensas naturales, y es entonces cuando aparecen los problemas.
Cuidados para tus ojos
Lentillas y agua: nunca, ni en la piscina ni en el mar ni en la ducha
Es la recomendación más repetida por los oftalmólogos y la que más se incumple. El agua —de piscina, de mar, de río, de jacuzzi e incluso del grifo— contiene bacterias, hongos y protozoos que pueden adherirse a la lentilla y quedar atrapados entre esta y la córnea. El resultado puede ser una queratitis infecciosa, una infección de la córnea que en sus formas graves deja cicatrices permanentes, pérdida de visión e incluso obliga a un trasplante corneal.
El microorganismo más temido es Acanthamoeba, una ameba microscópica presente en todo tipo de aguas: alrededor del 90 % de las queratitis por Acanthamoeba se dan en usuarios de lentes de contacto, sobre todo blandas. Es la infección corneal más difícil de diagnosticar y de tratar, con tratamientos que duran meses. Como advierte la oftalmóloga Paloma Martínez, directora de la Clínica Martínez de Carneros, "los pacientes no saben que entrar en el agua con lentillas puede convertirse en un problema serio y derivar en infecciones de córnea difíciles de tratar". Los síntomas de alarma: dolor ocular intenso desproporcionado, sensación persistente de cuerpo extraño, lagrimeo, gran sensibilidad a la luz y visión borrosa. Ante cualquiera de ellos tras un baño con lentillas, oftalmólogo el mismo día.
Las alternativas son sencillas: gafas de natación graduadas (existen en graduaciones estándar a precios asequibles), gafas de sol graduadas para la playa o, si vas a usar lentillas en la piscina a pesar de todo, lentillas diarias desechables que tires nada más salir del agua, junto con gafas de natación estancas. Nunca limpies las lentillas con agua del grifo ni saliva, lávate las manos antes de manipularlas y cambia el estuche cada mes. En tipos de lentillas: cuál elegir y cuidados básicos ampliamos estas recomendaciones.
Conjuntivitis y ojos rojos de piscina
El enrojecimiento y el picor al salir de la piscina suelen deberse a una conjuntivitis irritativa: el cloro y, sobre todo, las cloraminas que se forman al reaccionar con el sudor, la orina y los cosméticos, alteran la película lagrimal y la superficie del ojo. Suele mejorar en horas con lágrimas artificiales y sin frotar. Distinta es la conjuntivitis infecciosa, vírica (adenovirus) o bacteriana, muy contagiosa en piscinas y por toallas compartidas: cursa con secreción, párpados pegados al despertar y a menudo afecta primero a un ojo y luego al otro. Necesita valoración médica, y quien la tiene debe evitar la piscina hasta curarse. Gafas de natación, no abrir los ojos bajo el agua y no compartir toallas son las tres medidas que más previenen. Y si son niños los que pasan horas en el agua, en los peligros del cloro de piscina para niños explicamos qué vigilar.
Ojo seco por aire acondicionado, viento y sol
Sensación de arenilla, escozor, visión que fluctúa al parpadear y ojos rojos al final del día: es el ojo seco, uno de los motivos de consulta más frecuentes en verano. El aire acondicionado del coche, la oficina y el dormitorio evapora la lágrima; el viento y el sol la agotan; las horas de pantalla reducen el parpadeo. Las lágrimas artificiales sin conservantes, preferiblemente con ácido hialurónico, alivian y protegen; conviene evitar que el aire acondicionado sople directamente a la cara, parpadear conscientemente cuando se trabaja con pantallas y beber suficiente agua. Si los síntomas persisten más de dos semanas, el oftalmólogo puede valorar si hay una disfunción de las glándulas de los párpados que necesite tratamiento específico.
Radiación ultravioleta: gafas de sol que protejan de verdad
La radiación UV daña el ojo a corto y largo plazo. A corto plazo puede provocar fotoqueratitis —una "quemadura solar" de la córnea, con dolor intenso, lagrimeo y fotofobia horas después de una jornada de playa o montaña sin protección—. A largo plazo, la exposición acumulada se relaciona con cataratas precoces, pterigión (un crecimiento de tejido sobre la córnea muy frecuente en quienes trabajan al aire libre) y degeneración macular. Unas gafas de sol adecuadas deben tener marcado CE, filtro UV400 (bloquea toda la radiación hasta 400 nanómetros, UVA y UVB al completo) y, para playa o montaña, categoría de filtro 3. Lo que protege es el filtro, no el color: unos cristales muy oscuros sin filtro UV son peores que no llevar gafas, porque dilatan la pupila y dejan pasar más radiación. Cómpralas en ópticas o establecimientos sanitarios, y no olvides a los niños: sus ojos dejan pasar más UV y necesitan gafas con filtro adecuado y una gorra. En rayos UVA y UVB: diferencias y cómo proteger tu piel explicamos cómo actúa cada tipo de radiación.
Cuándo ir al oftalmólogo sin esperar
Dolor ocular intenso, especialmente si usas lentillas y te has bañado con ellas.
Visión borrosa que no mejora al parpadear, pérdida de visión o una mancha en el centro del campo visual (si miraste el eclipse del 12 de agosto sin protección, lee nuestro artículo sobre retinopatía solar tras el eclipse).
Fotofobia marcada o sensación de cuerpo extraño que no cede con lavados.
Ojo rojo con secreción durante más de 48 horas o que se extiende al otro ojo.
Traumatismo con arena, un balón o una salpicadura de producto químico.
Cuidados para tus oídos
Otitis externa: la "otitis del nadador"
La otitis externa es la inflamación e infección de la piel del conducto auditivo externo, el canal que va desde la oreja hasta el tímpano. La Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL-CCC) estima que el 10 % de la población la sufrirá en algún momento de su vida, y en verano se dispara. No la causa el agua en sí, sino la combinación de humedad mantenida, calor y manipulación. Como explica el Dr. José Manuel Ruiz Gómez, coordinador de Otorrinolaringología de Vithas Granada, "los baños repetidos, la humedad mantenida en el conducto auditivo y la manipulación del oído con bastoncillos u otros objetos pueden alterar la barrera natural de protección" y facilitar que bacterias como Pseudomonas o estafilococos, o algunos hongos, colonicen la piel macerada.
Los síntomas típicos: picor al principio, después dolor —que aumenta al tocar la oreja, tirar del lóbulo o masticar—, sensación de oído taponado, enrojecimiento y, a veces, secreción y pérdida temporal de audición. A diferencia de la otitis media, la de los catarros infantiles, no suele ir con fiebre alta ni con dolor profundo, pero puede ser muy molesta. Si te interesa la diferencia entre ambas, la explicamos en otitis en verano: causas, síntomas y prevención.
Cómo prevenirla en las últimas semanas de baños
Seca los oídos después de cada baño: ladea la cabeza hacia cada lado para que salga el agua, seca el pabellón con la toalla y, si hace falta, usa el secador a distancia y con aire tibio durante unos segundos.
Nada de bastoncillos, ni dentro ni después del baño: retiran la cera —que es una barrera protectora natural, ácida e hidrófoba— y producen microheridas por donde entra la infección. Tampoco llaves, horquillas ni uñas.
Tapones de baño si tienes otitis de repetición, perforación timpánica o tubos de drenaje; mejor los de silicona moldeable o a medida.
Evita las aguas no controladas o visiblemente sucias —charcas, pantanos con algas, zonas de playa con bandera de contaminación— y no pases largos ratos con la cabeza bajo el agua, sobre todo los niños.
No te pongas gotas "preventivas" por tu cuenta. Las soluciones secantes con alcohol o ácido acético pueden ser útiles en personas con otitis recurrentes, pero solo con indicación del otorrino: en un oído ya irritado o con el tímpano perforado hacen daño.
Tratamiento y señales de alarma
La mayoría de las otitis externas se resuelven con gotas óticas antibióticas —a menudo combinadas con un corticoide— aplicadas dos o tres veces al día durante 7 a 10 días, manteniendo la cabeza ladeada dos o tres minutos para que el producto llegue al fondo del conducto. La mejoría se nota en dos o tres días, aunque la curación completa tarda una o dos semanas, y durante el tratamiento hay que mantener el oído seco: nada de piscina y tapón de algodón con vaselina en la ducha. Los analgésicos habituales controlan el dolor. Si el conducto está muy hinchado, el otorrino puede colocar una mecha que ayuda a que las gotas penetren.
Consulta sin demora si el dolor es intenso o no mejora en 48-72 horas de tratamiento, si hay fiebre, si la oreja o la zona de detrás se hinchan y enrojecen, si la secreción es abundante o si la audición baja de forma clara. Las personas con diabetes o con las defensas bajas deben acudir siempre al médico, porque en ellas una otitis externa puede complicarse en una infección invasiva del hueso, la llamada otitis externa maligna, que requiere tratamiento hospitalario.
Tapones de cera que se hinchan y otomicosis
Otro clásico del final del verano es el tapón de cera que llevaba meses sin dar problemas y que, al absorber agua, se hincha y bloquea el conducto: sensación de oído lleno, audición amortiguada y a veces acúfenos. No intentes sacarlo con bastoncillos ni con velas de oído; el médico lo extrae con irrigación o aspiración en minutos. Lo explicamos en cómo quitar tapones de cera en los oídos. Y si tras varias semanas de humedad aparece un picor intenso con secreción blanquecina o negruzca, puede tratarse de una otomicosis, una infección por hongos que necesita limpieza por el especialista y antifúngicos tópicos.
El ruido del verano también deja huella
Conciertos, festivales, fiestas patronales, fuegos artificiales, motos de agua: el verano es la estación más ruidosa del año, y la pérdida auditiva por ruido es acumulativa e irreversible. Si al salir de un concierto notas pitidos o los oídos "tapados", has recibido una dosis excesiva. Tapones con filtro para música (atenúan sin distorsionar), distancia de los altavoces y pausas en zonas tranquilas son las medidas básicas; en cómo proteger tu audición en vacaciones de verano lo desarrollamos.
Septiembre: el momento de la revisión pendiente
El final del verano es la mejor época para poner a punto ojos y oídos antes de la rutina. Para los niños, los oftalmólogos recomiendan una revisión visual anual a partir de los 3-4 años, y agosto-septiembre es el momento ideal: el 80 % de lo que aprenden en el aula pasa por la vista, y un defecto de refracción sin corregir se confunde fácilmente con falta de atención o bajo rendimiento. Si el niño ya es miope o hay antecedentes familiares, pregunta por las unidades de control de miopía, y recuerda la mejor medicina preventiva: tiempo al aire libre, que frena la progresión de la miopía, y límites a las pantallas. El ojo vago —la primera causa de pérdida visual evitable en la infancia— solo se corrige si se detecta a tiempo; lo explicamos en ojo vago en niños: síntomas y tratamiento.
Para los adultos, una revisión oftalmológica cada dos años a partir de los 40 (anual a partir de los 60 o con diabetes, hipertensión o antecedentes de glaucoma) permite detectar problemas silenciosos, y una audiometría está indicada si tras el verano persisten los acúfenos, la sensación de oído tapado o notas que subes el volumen de la televisión. Y si las lentillas te han dado guerra este verano, es buen momento para replantearte la corrección: gafas nuevas, lentillas de otro material o una valoración para cirugía refractiva. Nuestro artículo salud visual: cómo cuidar tus ojos cada día resume los hábitos que conviene mantener todo el año, y en salud en verano: guía de prevención y revisiones médicas encontrarás el resto de chequeos de temporada.
Checklist de final de verano
Lentillas fuera antes de cualquier baño; gafas de natación graduadas como alternativa.
Gafas de sol con marcado CE, filtro UV400 y categoría 3, también para los niños.
Lágrimas artificiales sin conservantes a mano si pasas horas con aire acondicionado o pantallas.
Oídos secos tras cada baño, sin bastoncillos; tapones de baño si tienes otitis de repetición.
Bañador y toalla propios y secos: la humedad prolongada también favorece hongos en la piel, como explicamos en ¿calzoncillos debajo del bañador? Riesgos y consejos.
Cita de revisión visual para los niños antes del cole y audiometría si quedan pitidos o taponamiento.
Ante dolor, secreción, pérdida de visión o de audición: consulta, no esperes a septiembre.
Oftalmólogo y otorrino sin esperas: tu salud es prioridad
Una otitis externa que no mejora, una queratitis por lentillas o una conjuntivitis que se contagia a toda la familia tienen algo en común: necesitan un especialista en días, no en semanas. En verano, con los centros de salud bajo mínimos y las urgencias saturadas, esa agilidad se nota doblemente. Un seguro de salud da acceso directo al oftalmólogo y al otorrinolaringólogo sin pasar por el médico de cabecera, incluye pruebas como la OCT, la topografía corneal o la audiometría, ofrece videoconsulta 24 horas para una primera valoración y cubre las urgencias en cualquier punto de España, también en la localidad donde veraneas. Muchas pólizas incluyen además revisiones periódicas de la vista y descuentos en gafas, lentillas y audífonos.
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Quedan pocos baños de temporada: disfrútalos con las lentillas fuera, las gafas de sol puestas y los oídos secos. Y si el verano te ha dejado algún síntoma, que la vuelta a la rutina empiece por una consulta y no por aguantar.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no se puede nadar con lentillas?
Porque el agua de piscinas, mar, ríos, jacuzzis e incluso del grifo contiene bacterias, hongos y protozoos como Acanthamoeba que se adhieren a la lentilla y quedan atrapados contra la córnea, pudiendo causar una queratitis infecciosa con riesgo de cicatrices permanentes y pérdida de visión. Alrededor del 90 % de las queratitis por Acanthamoeba se dan en usuarios de lentillas. La alternativa segura son las gafas de natación graduadas.
¿Cómo se previene la otitis del nadador?
Secando los oídos tras cada baño (ladear la cabeza, toalla en el pabellón y, si hace falta, secador a distancia con aire tibio), no usando bastoncillos ni introduciendo objetos en el conducto, empleando tapones de baño si hay otitis de repetición, evitando aguas sucias o no controladas y no permaneciendo largos ratos con la cabeza sumergida. No conviene aplicar gotas por cuenta propia sin indicación del otorrino.
¿Cuáles son los síntomas de la otitis externa y cómo se trata?
Empieza con picor y sigue con dolor que aumenta al tocar la oreja o tirar del lóbulo, sensación de oído taponado, enrojecimiento, a veces secreción y pérdida temporal de audición, normalmente sin fiebre alta. Se trata con gotas óticas antibióticas, a menudo con corticoide, durante 7-10 días, manteniendo el oído seco; mejora en 2-3 días. Hay que consultar si el dolor no cede en 48-72 horas, hay fiebre o hinchazón, o si se tiene diabetes.
¿Qué gafas de sol protegen de verdad los ojos?
Las que llevan marcado CE y filtro UV400, que bloquea toda la radiación ultravioleta hasta 400 nanómetros (UVA y UVB), con categoría de filtro 3 para playa y montaña. Lo importante es el filtro, no la oscuridad del cristal: unas lentes muy oscuras sin filtro UV dilatan la pupila y dejan pasar más radiación. Conviene comprarlas en ópticas y que los niños también las usen, junto con una gorra.
¿Qué revisiones de ojos y oídos conviene hacer en septiembre?
Una revisión visual anual para los niños a partir de los 3-4 años, idealmente antes del inicio del curso, porque el 80 % del aprendizaje pasa por la vista; una revisión oftalmológica cada dos años en adultos a partir de los 40 (anual desde los 60 o con diabetes, hipertensión o antecedentes de glaucoma), y una audiometría si tras el verano persisten acúfenos, sensación de oído tapado o pérdida de audición.
¿Qué hago si tengo un tapón de cera que se ha hinchado con el agua?
No intentes sacarlo con bastoncillos, horquillas ni velas de oído: empujan la cera hacia el tímpano y pueden dañar el conducto. Acude al médico de familia o al otorrino, que lo extrae en minutos mediante irrigación con agua templada o aspiración. Si hay dolor intenso, fiebre o secreción, puede tratarse de una otitis y no de un simple tapón, y conviene valorarlo cuanto antes.
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