Con el comienzo del curso vuelven las aulas llenas de actividad… y también los mocos, la tos y las noches con fiebre. No es una impresión de los padres: la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) calcula que entre septiembre y diciembre las consultas y visitas a urgencias por infecciones pediátricas aumentan un 71 % respecto a los meses de verano, y varios hospitales han notado ya en las primeras semanas de este septiembre un repunte de entre el 20 % y el 30 % en la actividad de urgencias infantiles. Catarros, gripe, gastroenteritis, bronquiolitis, faringitis, conjuntivitis o la enfermedad mano-pie-boca forman parte del paisaje de otoño en cualquier colegio o escuela infantil. Que un niño enferme varias veces en su primer curso es normal y hasta esperable; lo que sí está en nuestra mano es reducir los contagios, saber cuándo debe quedarse en casa y reconocer las señales que obligan a consultar. Esta guía repasa todo eso con las recomendaciones de los pediatras y de las autoridades sanitarias para el curso 2026-2027.
Por qué los colegios son una «jungla» de virus (y por qué es normal)
Un aula es el escenario perfecto para un virus: muchos niños en un espacio cerrado, contacto físico constante, manos que van de la nariz al juguete y del juguete a la boca, y un sistema inmunitario que todavía está aprendiendo. Los menores de tres años son los más expuestos, porque la escuela infantil suele ser su primer contacto prolongado con un espacio compartido con decenas de niños, lo que facilita la circulación rápida de virus digestivos y respiratorios. A eso se suma la estacionalidad: con el frío pasamos más tiempo en interiores y ventilamos menos, y algunos virus, como el de la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS), tienen su temporada alta entre octubre y febrero.
Un niño pequeño sano puede pasar entre seis y diez infecciones respiratorias al año, la mayoría leves y de curso corto. Cada una de ellas deja un pequeño «entrenamiento» inmunitario, de modo que en los cursos siguientes suelen enfermar bastante menos. Por eso los pediatras insisten en que el objetivo no es que el niño no se contagie nunca, algo imposible, sino evitar las infecciones prevenibles, cortar las cadenas de contagio y actuar bien cuando llegan.
Los virus y las infecciones que más circulan en la vuelta al cole
Rinovirus: el catarro común
Es el protagonista absoluto de septiembre. Existen más de 150 tipos distintos de rinovirus, por lo que un niño puede encadenar varios catarros seguidos sin que ninguno le proteja del siguiente. Cursa con mocos abundantes, estornudos, tos y, en los más pequeños, febrícula; los síntomas aparecen de forma progresiva y suelen durar entre siete y diez días, aunque la tos puede prolongarse algo más. No necesita antibióticos ni jarabes «para el resfriado»: lavados nasales con suero, líquidos, reposo relativo y paracetamol o ibuprofeno solo si hay malestar. En primeros resfriados: síntomas y cuándo ir al médico ampliamos el manejo en casa.
Gripe
A diferencia del catarro, la gripe irrumpe de golpe: fiebre alta de aparición brusca, dolor muscular, dolor de cabeza y cansancio intenso, a veces con vómitos en los niños. Este año varios centros están detectando gripe A antes de lo habitual. La gripe sí puede complicarse (otitis, neumonía, deshidratación), sobre todo en menores de cinco años y en niños con asma u otras enfermedades crónicas, y por eso existe una vacuna específica para ellos, de la que hablamos más abajo. Nuestra guía diferencias entre gripe y resfriado ayuda a distinguirlas.
Virus respiratorio sincitial (VRS) y bronquiolitis
El VRS es la principal causa de hospitalización respiratoria en menores de un año durante el otoño y el invierno, y la bronquiolitis que provoca afecta a tres de cada cuatro niños antes de los dos años, según recuerda el doctor Julio Álvarez Pitti, coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría. Empieza como un catarro y a los dos o tres días aparece dificultad para respirar, respiración rápida, pitidos y rechazo de las tomas. Los hermanos mayores que van al colegio son, con frecuencia, quienes traen el virus a casa al bebé. Desde 2023 los lactantes reciben en España el anticuerpo nirsevimab, que ha reducido de forma drástica los ingresos; te lo contamos en bronquiolitis en bebés: síntomas y vacuna VRS.
Gastroenteritis: rotavirus y norovirus
Vómitos, diarrea, dolor de tripa y a veces fiebre. El norovirus es hoy el principal responsable de las diarreas infantiles según el Instituto de Salud Carlos III, y el rotavirus sigue siendo el que causa los cuadros más graves en los más pequeños: los niños sin vacunación completa tienen casi cuatro veces más riesgo de hospitalización por rotavirus. Se contagian con muy pocas partículas a través de las manos, los cambiadores y las superficies, y por eso son los brotes clásicos de las escuelas infantiles. Lo importante es prevenir la deshidratación con suero de rehidratación oral en pequeñas tomas frecuentes; los antidiarreicos no están indicados en niños. Más detalles en gastroenteritis: síntomas, tratamiento y prevención.
Adenovirus, faringoamigdalitis y conjuntivitis
El adenovirus provoca faringoamigdalitis con placas, fiebre y con frecuencia conjuntivitis (ojos rojos, legañas, lagrimeo), y resiste bastante tiempo en superficies como pomos, mesas o toallas. No toda amigdalitis con placas es vírica: la producida por el estreptococo del grupo A (que puede acompañarse de la erupción de la escarlatina) necesita antibiótico, y el pediatra puede confirmarla con un test rápido en la consulta.
Enfermedad mano-pie-boca
Causada por enterovirus, es muy típica de las escuelas infantiles al inicio del curso: fiebre moderada, llagas dolorosas en la boca y pequeñas vesículas en palmas, plantas y a veces glúteos. Es molesta (el niño come mal por el dolor) pero benigna y se resuelve sola en una semana. Puede ir a clase si se encuentra bien, porque el virus se sigue eliminando durante semanas y la exclusión no evita los contagios. Lo explicamos en enfermedad mano-pie-boca: síntomas y tratamiento.
Varicela, COVID-19, otitis… y piojos
La varicela es cada vez menos frecuente gracias a la vacuna del calendario, pero sigue apareciendo en niños no vacunados; la COVID-19 se comporta ahora como un virus respiratorio más y desde 2023 no requiere aislamiento obligatorio; y las otitis suelen ser la complicación de un catarro mal drenado. Los piojos no son un virus, pero son el otro clásico de septiembre: la Agencia Española de Medicamentos recomienda revisar nuca y detrás de las orejas ante el picor, tratar solo si hay piojos vivos o liendres, repetir la aplicación a los 7-10 días y no usar los pediculicidas «de forma preventiva». Tienes la guía completa en vuelta al cole y piojos.
Cómo reducir los contagios: lo que funciona de verdad
«El lavado de manos tiene un papel preventivo esencial», resume el doctor Álvarez Pitti. Las medidas eficaces son pocas, baratas y las mismas en casa y en el colegio:
Manos limpias con agua y jabón (o gel hidroalcohólico en mayores de dos años) al llegar a casa, antes de comer, después de ir al baño y después de sonarse. Enseñar a los niños a hacerlo bien es la vacuna más barata que existe.
Ventilar aulas, dormitorios y salones varias veces al día, también en invierno. El aire renovado diluye los virus que se transmiten por gotas y aerosoles.
Pañuelos de un solo uso, toser en el codo y no compartir vasos, cubiertos, chupetes, botellas ni objetos que vayan a la boca.
No compartir toallas, peines ni gorras y llevar el pelo largo recogido: sirve para los piojos y para las conjuntivitis.
Lavado nasal con suero en los pequeños al volver del cole: despeja la nariz, mejora el sueño y reduce otitis.
Sueño suficiente, dieta variada y actividad al aire libre: son la base de un sistema inmunitario que responde bien. No hay suplementos ni «vitaminas para las defensas» que hayan demostrado evitar los catarros en niños sanos.
Calendario de vacunación al día, incluidas las de temporada.
Vacunas para el curso 2026-2027: gripe, VRS y calendario
El inicio de curso es el mejor momento para comprobar en la cartilla que no falta ninguna dosis del calendario vacunal, que en 2026 incorpora novedades como la vacuna de la hepatitis A. Y para las infecciones de temporada, esto es lo que recomienda el Ministerio de Sanidad:
Gripe: recomendada para toda la población infantil de 6 a 59 meses, además de los mayores de cinco años con enfermedades crónicas (asma, diabetes, cardiopatías, obesidad, etc.) y de las embarazadas. La campaña 2026-2027 arranca a partir de la última semana de septiembre y durante octubre, y algunas comunidades amplían la edad o vacunan en los propios centros escolares: consulta en tu centro de salud. También está recomendada para el personal de escuelas infantiles.
VRS: los bebés que nazcan durante la temporada reciben nirsevimab en las primeras 24-48 horas de vida, y los nacidos en los meses previos se captan desde atención primaria al inicio de la campaña de otoño.
COVID-19: se administra junto con la gripe en los niños con condiciones de riesgo, según la indicación de su pediatra.
Rotavirus, varicela, meningococos, VPH…: si tu comunidad los financia y falta alguna dosis, septiembre es el momento de ponerse al día.
¿Puede ir al cole? Cuándo debe quedarse en casa
Es la duda de cada mañana y la que más conflicto genera con el trabajo. La regla general de la Asociación Española de Pediatría es clara: si el niño presenta cualquier síntoma compatible con un cuadro infeccioso agudo, no debería acudir a clase, tanto por él (necesita descanso y vigilancia) como por sus compañeros. Estas son las orientaciones de la Guía-ABE de la AEP para las situaciones más frecuentes:
Fiebre: en casa hasta llevar al menos 24 horas sin fiebre y con actividad normal, sin antitérmicos.
Gastroenteritis: hasta 24-48 horas después de la última deposición anormal o del último vómito, y siempre que coma y beba con normalidad.
Gripe y catarros: mientras haya fiebre, dificultad para respirar o afectación del estado general. Unos mocos sin fiebre no son motivo de exclusión.
Amigdalitis estreptocócica y escarlatina: puede volver 12-24 horas después de empezar el antibiótico, si ya no tiene fiebre.
Conjuntivitis: si es bacteriana, 24 horas después de iniciar el tratamiento; la vírica no obliga a excluir, aunque muchos centros lo piden.
Varicela: hasta que todas las lesiones estén en fase de costra (unos 5-7 días).
Impétigo: hasta 48 horas de antibiótico, con las lesiones cubiertas.
Mano-pie-boca y piojos: no requieren exclusión; en el caso de los piojos, basta con haber iniciado el tratamiento.
Cada colegio puede tener su propio protocolo, y en las escuelas infantiles suelen ser más estrictos, pero estas pautas evitan tanto el exceso (semanas en casa por un catarro) como el defecto (el niño con fiebre «bajada» con ibuprofeno a las ocho de la mañana que a las once vuelve a tener 39 °C).
Señales de alarma: cuándo consultar sin esperar
La inmensa mayoría de las infecciones de la vuelta al cole se curan solas en casa. Pero hay signos que, según los pediatras y los enfermeros de urgencias, obligan a consultar el mismo día o a acudir a urgencias:
Dificultad para respirar: respiración muy rápida, hundimiento de las costillas o del cuello al respirar, pitidos, aleteo de la nariz o labios azulados.
Signos de deshidratación: orina poco (menos de tres pañales mojados al día en un bebé), labios secos, ausencia de lágrimas al llorar, ojos hundidos, decaimiento.
Rechazo persistente de líquidos o vómitos que no permiten retener nada durante horas.
Somnolencia excesiva, dificultad para despertarlo, irritabilidad que no se calma o un empeoramiento claro del estado general.
Fiebre en un bebé menor de tres meses, fiebre que dura más de tres días o fiebre muy alta que no baja con antitérmicos y con el niño muy afectado.
Manchas en la piel que no desaparecen al presionar con un vaso, rigidez de cuello, dolor de cabeza intenso o convulsión.
Dolor de oído intenso, supuración o dolor de garganta con placas y fiebre alta, que pueden necesitar antibiótico.
Merece la pena recordar dos ideas: la fiebre por sí sola no es peligrosa, es una defensa, y lo que importa es el estado general del niño (en mitos sobre la fiebre en niños desmontamos los más extendidos); y los antibióticos no sirven contra los virus: darlos «por si acaso» no acorta el catarro y favorece las resistencias.
Organizar la familia para el otoño de los virus
Entre septiembre y diciembre es realista contar con que un niño pequeño faltará al colegio varios días. Conviene prepararlo: acordar con antelación en el trabajo cómo se cubrirán esos días (permisos, teletrabajo, turnos entre los dos progenitores), tener a mano el teléfono del centro de salud y de la escuela, revisar el botiquín (termómetro, suero fisiológico, suero de rehidratación oral, paracetamol e ibuprofeno en dosis pediátricas) y proteger especialmente a los bebés y a los abuelos, que son quienes peor toleran los virus que el escolar trae a casa. Si hay un lactante en la familia, extremar el lavado de manos del hermano mayor al llegar y evitar que comparta chupetes o toque la cara del bebé cuando esté acatarrado reduce mucho el riesgo de bronquiolitis.
Este artículo se centra en las infecciones; para el resto de la puesta a punto del curso (sueño, desayuno, mochila, pantallas, revisión de la vista y adaptación emocional) tienes la guía complementaria vuelta al cole: cuidar la salud de nuestros hijos.
Un pediatra sin esperas cuando el virus llega
Cuando un niño se pone enfermo un martes por la tarde, lo que una familia necesita es que alguien lo vea pronto: una consulta de pediatría en el mismo día o al siguiente, una videoconsulta a última hora para decidir si eso es un catarro o algo más, urgencias pediátricas sin colas de horas, un otorrino o un neumólogo infantil si las otitis o las bronquitis se repiten, y pruebas rápidas (test de estreptococo, analítica) sin semanas de espera. Un seguro de salud familiar ofrece exactamente eso, y muchas pólizas incluyen además chat médico 24 horas, cobertura de vacunas no financiadas y programas de pediatría preventiva.
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Preguntas frecuentes
¿Qué virus son más frecuentes con la vuelta al cole?
Los rinovirus (catarro común, con más de 150 tipos distintos), la gripe, el virus respiratorio sincitial (causa de bronquiolitis en bebés), los adenovirus (faringoamigdalitis y conjuntivitis), los rotavirus y norovirus (gastroenteritis) y los enterovirus de la enfermedad mano-pie-boca. Según la SEMES, entre septiembre y diciembre las consultas y visitas a urgencias por infecciones pediátricas aumentan un 71 % respecto al verano.
¿Cuántas veces es normal que un niño se ponga enfermo en su primer curso?
Un niño pequeño sano puede pasar entre seis y diez infecciones respiratorias al año, la mayoría leves y de curso corto. Los menores de tres años que empiezan la escuela infantil son los más afectados porque es su primer contacto prolongado con muchos niños en un espacio cerrado. En los cursos siguientes, con el sistema inmunitario ya entrenado, suelen enfermar bastante menos.
¿Cuándo puede volver al colegio un niño con fiebre o gastroenteritis?
Con fiebre, cuando lleve al menos 24 horas sin fiebre sin antitérmicos y con actividad normal. Con gastroenteritis, 24-48 horas después de la última deposición anormal o del último vómito. En amigdalitis estreptocócica o escarlatina puede volver 12-24 horas después de empezar el antibiótico; en varicela, cuando todas las lesiones estén en costra. La enfermedad mano-pie-boca y los piojos no requieren exclusión.
¿Qué niños deben vacunarse de la gripe en la temporada 2026-2027?
El Ministerio de Sanidad recomienda la vacuna antigripal a toda la población infantil de 6 a 59 meses, a los mayores de cinco años con enfermedades crónicas (asma, diabetes, cardiopatías, obesidad, etc.), a las embarazadas y al personal de escuelas infantiles. La campaña empieza a partir de la última semana de septiembre y durante octubre; algunas comunidades amplían la edad o vacunan en los colegios, así que conviene consultar en el centro de salud.
¿Cuáles son las señales de alarma para llevar a un niño a urgencias?
Dificultad para respirar (respiración muy rápida, hundimiento de costillas, pitidos, labios azulados), signos de deshidratación (orina poco, labios secos, sin lágrimas, ojos hundidos), rechazo persistente de líquidos o vómitos continuos, somnolencia excesiva o empeoramiento claro del estado general, fiebre en menores de tres meses o que dura más de tres días, manchas en la piel que no desaparecen al presionar, rigidez de cuello o convulsiones.
¿Sirven los antibióticos o las vitaminas para prevenir los catarros de los niños?
No. Los antibióticos no actúan contra los virus: darlos «por si acaso» no acorta un catarro y favorece las resistencias bacterianas. Tampoco hay suplementos ni vitaminas que hayan demostrado evitar los catarros en niños sanos. Lo que sí funciona es el lavado de manos, ventilar, no compartir objetos que van a la boca, dormir lo suficiente, una dieta variada, actividad al aire libre y tener el calendario de vacunación al día.
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